El impacto de nombrarse
Salir del clóset en 1992 era una decisión que podía costarte la familia, el futuro o la libertad. Pero a los 18 años, Pepe Merino la tomó con la convicción de que vivir su verdad era más importante que cualquier otra cosa. Más de tres décadas después, ese joven de Querétaro que pensaba en convertirse en psicólogo dirige hoy la recién creada Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones del Gobierno de México, bajo el mandato de la primera mujer presidenta del país. Su historia no es solo la de un ascenso político inusual, sino un botón de muestra de una generación que sobrevivió, resistió y decidió que vivir con orgullo también es una forma de justicia.
“Creo que yo soy parte de la última generación de hombres homosexuales en México que vivió su sexualidad con más complicaciones”, recuerda, en entrevista con Letra S. José Antonio Peña Merino nació en una época en la que ser gay podía limitar el futuro profesional, la seguridad física y el simple derecho a existir en paz. Hoy, con cinco décadas de vida y un contexto distinto, no dudó en reconocerse como un hombre gay al poco tiempo de ser designado en su cargo.
“Aunque no es mi agenda profesional, es mi agenda de vida, yo en todo lo que hago cargo el hecho (de ser gay) con gusto, no como algo que me pesa, pero cargo con una responsabilidad, sin representar a nadie más que a mí mismo”, aclara. “Sí creo que es importante que se sepa que yo soy un hombre homosexual, que es parte de mi definición profesional y personal, que es importante decir las cosas”.
Cambio de aires
Pepe creció en Querétaro, una ciudad profundamente conservadora, aunque en su entorno familiar no encontró particular resistencia. “Yo siempre fui muy afeminado, no es que fuera un secreto”, recuerda. “Pero la salida del clóset realmente era verbalizarlo, con todo lo que eso implica, porque en el momento en que lo verbalizas ya es irreversible”.
Terminando la preparatoria, decidió que quería irse a la Ciudad de México y estudiar psicología, pero desconocía totalmente las fechas de los exámenes de admisión. Un día, una amiga le preguntó, si no estudiaba psicología, qué le gustaría estudiar. “No sé de dónde lo saqué, pero dije ‘ciencia política’. Después esa amiga me entregó un recorte de periódico con la convocatoria del CIDE”, es decir, el Centro de Investigación y Docencia Económicas.
La vida universitaria fue liberadora. De hecho, comenta, “en el CIDE nunca fue tema mi orientación sexual. Nadie me abrazó por ser gay, pero tampoco me señalaron. Era más un problema de clase, es decir, era más importante ser pobre que ser gay”. La situación económica en la que creció había tenido sus dificultades, comenzó a trabajar a los 15 años y pudo ingresar al CIDE porque la institución no cobraba, sino que entregaba una beca de manutención a los estudiantes.
Recuerda haber llegado con una gran desventaja académica (fracasó estrepitosamente en el examen de matemáticas) y sin el capital cultural de muchos de sus compañeros. Pero se aplicó, estudió, se obsesionó con la estadística, se quedó.
Sin embargo, no olvida de dónde viene ni a quienes ya no están. De los hombres gays que conoció en su juventud, sólo sobreviven dos; los demás murieron por causas que ahora parecen inaceptables: VIH, violencia, drogas. “No pierdo de vista que yo tuve el privilegio de acceder a cosas que otros miembros de mi tribu no. Yo sí llevo eso con mucha claridad en todos los aspectos de mi vida; considero que es lo mínimo para rendir memoria a todos los que se quedaron en el camino”.
El activista que no fue
Pepe Merino no se define como activista. “Nunca rehuí mi identidad, pero mi vida profesional me llevó por otro lado”, explica. Encontró su verdadera pasión en el manejo de datos, un área que le permitió abordar los temas sociales que considera importantes y, además, variar de cuando en cuando para no caer en el aburrimiento. Fundó una empresa y luego la organización civil Data Cívica, con la idea de usar los datos para temas de derechos humanos. “Me obsesionaba el tema de los desaparecidos; en ese momento, en 2012, no era un tema de conversación”.
Poco a poco, la política dejó de ser un horizonte lejano. Empezó a colaborar en redes, conoció a personas clave, se involucró en proyectos colectivos. Formó parte de un grupo que tenía una premisa clara: no se puede decir que se es de izquierda si no se está dispuesto a involucrarse en la vida partidista. “Es muy cómodo decir ‘yo soy de izquierda, pero los partidos... no’”. Había que entrar de lleno.
A Claudia Sheinbaum, la conoció en 2017, antes de que arrancara su precampaña para jefa de Gobierno de la Ciudad de México. “Me dejó muy impresionado”, recuerda. “Es una persona seria, recta, con una capacidad intelectual enorme, analítica como pocas”, la define, “y además, nos caímos bien”. Ella le pidió ayuda para diseñar su plataforma de gobierno en la capital. Él le entregó un par de documentos sin pretensiones, solo con la idea de aportar. Pero ella vio más. Así nació la aplicación de la CDMX, donde cada persona puede realizar todo tipo de trámites y procesos relacionados con el gobierno de la ciudad.
En su paso por el gobierno de la Ciudad de México impulsó proyectos relacionados con la diversidad sexual, como la línea de atención especializada para personas LGBT en Locatel, y un módulo digital para el acceso a tratamientos que previenen el VIH (PrEP y PEP) en la app CDMX. “Esa app es única en el mundo”, dice con orgullo. “Tu expediente está ahí y si tienes PrEP, puedes solicitar que te resurtan”.
Es así que Merino ha demostrado que la tecnología también puede ser una herramienta para reducir las desigualdades. La digitalización de trámites, el acceso a internet como derecho, el uso de algoritmos para identificar evasión fiscal o mejorar las aduanas, son parte de esa visión que ahora implementa a nivel federal.
Como titular de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, Merino tiene ahora una de las responsabilidades más grandes del gabinete legal, y también una de las más simbólicas: que toda la población mexicana pueda hacer efectivos sus derechos en unos cuantos clics.
“La agenda de la diversidad sexual es una agenda que yo considero mía, pero tiendo a ser muy cuidadoso porque no quiero que, por tener un poco más de visibilidad pública, se lea como que estoy secuestrando la agenda, cuando hay activistas, mujeres, hombres, que llevan décadas trabajando los temas”.
Sabe que aún hay mucho por hacer para garantizar los derechos de la diversidad sexual, en cuanto a salud, identidad o derechos civiles. Él busca su propio nicho para aportar desde donde está.
Ejercicio de la paternidad
En su cargo actual, Pepe Merino afirma que ser gay no ha sido un problema en absoluto, sino que ha encontrado más retos en ser papá soltero. A los 43 años, después de mucho pensarlo, inició el proceso de adopción. Lo hizo solo, sin pareja, convencido de que la paternidad debía ser una decisión profunda, no una casualidad.
El proceso fue largo, burocrático, emocional, lleno de dudas, documentos, entrevistas y exámenes. “Conforme pasaba el tiempo, pensaba: ¿realmente quiero esto o es que ya lo estoy viendo como un reto?”. Cuando le presentaron a su hijo, Mauro, lo sintió como el momento en que despega un avión, ese instante en el que se sabe que “ya no hay vuelta atrás”.
Los primeros meses fueron difíciles, reconoce. “Me asustaba mucho el ser papá, eso de que la vas a regar, que se le va a atorar algo en la garganta, que se va a caer y se va a romper la cabeza”. Su entonces esposo se fue a Estados Unidos poco después, y Merino quedó solo con el pequeño, que tenía un año y medio de edad. Esa experiencia lo transformó. “Ahí fue donde me volví loco por mi hijo, me enamoré estúpidamente. Nunca he querido a nadie como quiero a mi hijo”.
Mauro tiene hoy casi siete años y para Pepe, ser padre soltero tiene sus retos, aunque no es “nada que no enfrenten todos los días millones de mujeres en este país”. Reuniones a las seis de la mañana, eventos en la noche, decisiones que implican ausencias. “A veces le digo a la presidenta: ‘no puedo ir, no tengo con quién dejar a Mauro’. Y ella lo entiende. Ese es un privilegio que no tomo a la ligera”.
Los retos del futuro
Pepe Merino está comprometido con el lema enarbolado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y retomado por Claudia Sheinbaum: “por el bien de todos, primero los pobres”. Considera que, incluso dentro de la diversidad sexual, “hay temas de clase importantísimos” que interfieren con el ejercicio de derechos de las personas según su estatus socioeconómico. “Yo puedo entender que alguien pondere otras variables por encima de su identidad sexual, pero lo que a mí me impide hacerlo es que debe haber un compromiso mínimo contra la desigualdad y contra la injusticia”.
En cuanto a los principales retos que enfrenta en lo que resta de la administración, Merino considera que el primero y uno de los principales es “demostrar que puede haber una agenda de innovación de tecnología pública desde la izquierda”. El segundo es mostrar que el modelo que fue exitoso en la Ciudad de México se puede replicar a nivel federal y nacional.
El tercer reto es exponer que “la tecnología es un mecanismo para que las personas accedan a lo que tienen derecho, y eso se tiene que validar en todos los momentos”. El cuarto es comprobar que “no solo no cuesta, sino que generamos ahorros a la administración pública”, como lo consiguió en la Ciudad de México, donde generó “10 años del presupuesto de la propia agencia en ahorros”.
Otro de sus objetivos principales es tutelar el derecho al Internet. “Cuando uno dice que el Internet es un derecho, no son palabras huecas”, afirma. “El Estado tiene que asumir parte de esa garantía y eso significa desplegar la estructura, hacer una administración más socialmente responsable del espectro y fortalecer a la presidenta y al Estado mexicano en todos los aspectos en los que se necesite”.
Así, desde su posición actual, Pepe Merino sigue buscando maneras de sumar; ser visible es, en sí mismo, una de ellas: “como la primera persona abiertamente gay de un gabinete legal, si está en mi desempeño y en mi trabajo abrir brechas para que vengan muchas personas detrás, esto ya es irreversible”.