El desarrollo mental, en juego — letraese letra ese

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El desarrollo mental, en juego


Hay una larga fila en el baño de mujeres. En el segundo lugar, esperando turno, está una madre con su hijo que no supera los diez años. Él tiene la mirada clavada en un videojuego portátil, picando afanosamente los botones. No se ve el reto que enfrenta, pero sí se percibe un patrón rítmico, ya que presiona frenéticamente unas siete veces, luego se detiene y relaja los brazos por dos segundos, para después volver a golpear las teclas siete veces más. Cuando es el turno de entrar al baño, su madre debe llamarlo tres veces (“Tomás. Tomás, ¡Tomás!”), para luego arrebatarle el juego de las manos al tiempo que el niño hace un gesto de volver en sí, y proceder a resignarse ante lo que sea que haya perdido al ver interrumpida su faena.

En esta era digital, los videojuegos se han convertido en una parte muy presente en la vida de niños y niñas. Tan solo en Estados Unidos, el 90% de los menores mayores de 2 años de edad juegan algún tipo de videojuego.

Si bien estos juegos ofrecen entretenimiento y pueden tener algunos beneficios, como el desarrollo de habilidades motoras y cognitivas, su influencia en el desarrollo neurocognitivo durante la infancia ha sido objeto de un intenso debate. Mientras que algunas posturas defienden su capacidad para mejorar la atención y la resolución de problemas, otros señalan preocupaciones sobre sus posibles efectos nocivos.

Atención y concentración

Una de las principales preocupaciones es el impacto de los videojuegos en la atención y la concentración de los niños. Los videojuegos suelen estar diseñados para ser altamente estimulantes, lo que puede llevar a una sobreexcitación y dificultades para mantener la atención en otras tareas menos estimulantes. Esta falta de atención puede afectar negativamente el rendimiento académico y la capacidad de concentración en actividades cotidianas.

De acuerdo con la Clínica de la Universidad de Navarra, España, la atención extrema que se pone en el videojuego puede acarrear un agotamiento del sistema nervioso con aparición de síntomas de depresión o ansiedad. En esos casos se presenta un deterioro del rendimiento académico que se manifiesta en la menor capacidad de atención y un desinterés extremo por las actividades escolares.

Asimismo, afirma que “estos niños pierden el control sobre sí mismos lo cual da lugar incluso a la aparición de síntomas de abstinencia cuando no pueden practicarlos o se les priva de su uso, unido a un comportamiento impulsivo y violento”.

Esto último no es una relación causa-efecto, es decir, no todos los menores que gusten de los videojuegos sentirán la necesidad imperiosa de jugarlos, pero sí puede pasar que, si el niño es muy pequeño o no ha aprendido a sobrellevar la fustración, sí pueden presentarse episodios de ansiedad cuando no puede acceder a ese tiempo frente a la pantalla.

 

Tan comunes y asequibles como son actualmente, los videojuegos podrían estar teniendo un serio impacto en el desarrollo de niños y niñas, quienes a partir del confinamiento por COVID-19 encontraron en esta opción un entretenimiento viable para pasar el tiempo.

 

La violencia y las habilidades sociales

Muchos videojuegos contienen violencia extrema. A pesar de que existe un sistema de clasificación alfabética para indicar el público apropiado para cada título, es muy frecuente que niños y niñas puedan acceder a cualquier contenido y comprarlo sin restricciones.

El contenido violento ha generado preocupaciones sobre su posible influencia en el comportamiento agresivo de los niños. Algunos estudios han demostrado que la exposición a la violencia virtual puede desensibilizar a los niños respecto a la violencia real y aumentar su agresividad en situaciones sociales.

El artículo del Hospital de la Universidad de Navarra, titulado “Los videojuegos y los niños”, también señala que los potenciales impactos negativos en la salud infantil están vinculados por igual al contenido de estos juegos. Específicamente, los juegos violentos (como aquellos que presentan escenarios de guerra, destrucción, violencia callejera o atropellamientos) con contenido racista o sexista (donde la mujer es retratada como premio o víctima) son especialmente preocupantes.

Estos videojuegos tienen el potencial de introducir patrones de comportamiento problemáticos en personalidades en desarrollo, como la de los menores. Por ello, es crucial recordar que durante la infancia y adolescencia, el desarrollo de la personalidad está influenciado, entre otras cosas, por los modelos a los que niños y niñas prestan atención.

En una resolución de 2020 sobre el tema, la Asociación Estadunidense de Psicología (APA, por sus siglas en inglés) reconoció un vínculo entre los videojuegos violentos y una mayor agresividad (por ejemplo, usar insultos, amenazas, gritos o empujones), menor sensibilización y menor empatía, pero no una violencia real o comportamiento delictivo.

Sin embargo, el informe ha sido cuestionado por algunos expertos, como los autores de un estudio de 3 años de duración encontró que los videojuegos violentos no tenían ningún efecto sobre la agresividad cuando se controlaban otros factores, como la depresión, la exposición a la violencia familiar o escolar y los indicios de personalidad antisocial. De igual forma, otros estudios recientes han encontrado una asociación más débil entre los videojuegos violentos y el comportamiento agresivo que investigaciones anteriores.

Otro temor frecuente es que el uso excesivo de videojuegos pudiera interferir con el desarrollo de habilidades sociales y emocionales en niños y niñas. Aunque las investigaciones no han encontrado un resultado contundente al respecto, sí podría suceder que el hecho de pasar demasiado tiempo jugando en solitario limite las oportunidades de interactuar con otros pequeños de la edad y de esta manera desarrollar habilidades de comunicación interpersonal.

 

Algunos estudios sugieren que ciertos tipos de juegos pueden mejorar la coordinación mano-ojo y la capacidad de tomar decisiones rápidas y precisas

 

Malestares físicos

Hablando de la salud física, un aspecto que preocupa es el sedentarismo que promueven los videojuegos. Pasar largas horas frente a una pantalla puede llevar a un estilo de vida sedentario, lo que contribuye a la obesidad infantil y otros problemas de salud relacionados con la falta de actividad física.

Hay que recordar que los videojuegos también pueden tener un impacto en el sueño. La exposición a la luz azul de las pantallas antes de dormir puede interferir con la calidad del sueño, lo que resulta en problemas de insomnio o sueño no reparador y, por ende, fatiga durante el día.

En casos extremos, algunos videojuegos pueden provocar crisis convulsivas en aquellos menores que son propensos a ello. Como lo señala la CUN, en un porcentaje bajo (1% según algunos autores), desencadenan crisis en niños con antecedentes de epilepsia. La causa de estas crisis serían los destellos y cambios acelerados en la intensidad de los colores, es decir, la intensidad de los estímulos visuales.

Adicción a los videojuegos

Todos los videojuegos, ya sean destinados para menores o para población adulta, están basados en el sistema de recompensa. De acuerdo con la Secretaría de Salud, los sistemas de recompensa son áreas del sistema nervioso que "obedecen a estímulos específicos y naturales" y que se encargan de producir placer, por lo que una persona repetirá constantemente los comportamientos que los estimulen.

Este principio básico funciona así con todas las adicciones, lo que cambia es el objeto de la adicción. Así, como una persona adulta puede ser ludópata y volverse adicta a los juegos de póker o a las apuestas en carreras de caballos, así un menor puede volverse adicto a los videojuegos, ya que el ganar un premio, avanzar un nivel o conseguir algún "objeto" que nadie más tiene le proveerá esa satisfacción que lo mantendrá pegado al juego.

Igual que en otros casos, como el consumo de alcohol o las relaciones sexuales, no todas las personas que lo practican son adictas. Se puede considerar que es un problema cuando interfiere claramente con la vida cotidiana del niño o niña, quitando tiempo para estudiar, dormir, comer o socializar incluso con su entorno más cercano.

Uso moderado y supervisado

Sin embargo, no todos los efectos de los videojuegos son negativos. Algunos estudios sugieren que ciertos tipos de juegos pueden mejorar la coordinación mano-ojo y la capacidad de tomar decisiones rápidas y precisas. Además, los juegos que involucran la resolución de problemas pueden estimular el pensamiento crítico y la creatividad en los niños y niñas.

Como en muchos aspectos de la vida, la clave está en la moderación. El sitio web Healthy Children, de la Academia Americana de Pediatría, recomienda que un padre o madre debería estimar el tiempo que su hijo pasa frente a una pantalla y reflexionar sobre qué actividades podrían estar siendo sustituidas por los videojuegos. El objetivo es asegurarse de que los videojuegos no estén desplazando otras actividades importantes como las labores escolares, el ejercicio o el sueño.

También sugiere observar como el menor utiliza los dispositivos electrónicos y los videojuegos, así como qué juegos y aplicaciones ha descargado. Hay que explicarles que los juegos en línea pueden contener mensajes ocultos y anuncios, y que pueden recopilar información personal sobre ellos.

Lo ideal es mantener flos videojuegos en áreas de uso común, como la sala. Es comprensible que los niños y niñas con frecuencia tienen las consolas y los videojuegos portátiles en sus habitaciones, por lo que se debe intentar, en la medida de lo posible, mantener la actividad en lugares donde se pueda supervisar.

Jugar videojuegos con los hijos e hijas puede establecer un buen ejemplo y no solo permite ver lo que están haciendo, sino que también ayuda a establecer ciertos límites en cuanto al tiempo que pasan en esa actividad.

Finalmente, hay que fomentar actividades de la vida real con los niños y niñas más pequeños. Estos infantes aprenden mucho cuando interactúan con otras personas, señala Healthy Children, por lo que compartir momentos usando sus juguetes, leer libros y dibujar siempre será mejor que dejar que todo gire en torno a los videojuegos.

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