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Con cinco varones HSH

Estos hombres no se identifican con ninguna casilla de la diversidad sexual que los activistas y académicos encabalgamos en la ininteligible cadena LGBTTTIQ.

Sin embargo en el momento que Rosy, mi pareja, o yo les explicamos el motivo de nuestro anuncio publicado en un portal de internet, en el que claramente convocamos a hombres masculinos, casados, que deseen experimentar sexo con otro hombre, acuden prontamente con la expectativa de “Coger con otro vato, para conocer personalmente la experiencia y ver qué se siente”.

Acuden después de sus horarios laborales a visitarnos y así conocen nuestra propuesta preventiva. Aceptan venir a nuestra oficina a cambio de 25 condones completamente gratuitos más folletos informativos, a pesar de que no hay contacto físico con ninguno de nosotros. Dos de ellos han preguntado por la posibilidad de tener relaciones “leves” con mi mujer, a lo cual ella no contesta con un no pero tampoco un sí definitivo. La petición acaba en alguna broma que quita presión al asunto: “soy demasiado mayor para eso”, responde ella con naturalidad.

De los cinco hombres entrevistados hasta el momento, todos aceptaron haber tenido contacto con otros varones en la adolescencia, pero ahora están en disposición de interactuar sexualmente con otros hombres, “si se da la oportunidad” y “si les agrada el tipo”, mientras no haya penetración anal receptiva ni besos. Buscan limpieza, formalidad y salud.

Los cinco varones son casados. Pertenecen al rango de edades desde los 22 hasta los 48 años. Al preguntarles si se consideran bisexuales ponen cara de sorpresa y responden negativo. Eso no les pasa por la cabeza. Al explicarles con más profundidad el concepto “HSH” (hombres que tienen sexo con otros hombres), les cambia el semblante y absolutamente todos afirman sentirse identificados con este membrete.

Un chico de 22, casado, con tres hijos, después de hacernos varias preguntas y escuchar nuestra explicación en los temas relacionados con salud sexual y VIH/sida, nos dijo que ahora comprendía por qué se sentía tan incómodo cuando algún compañero o amigo de la fábrica de autopartes donde trabaja hablaba muy mal de los homosexuales o “maricones”. El muchacho nos dio su interpretación sobre el estigma y discriminación de la siguiente manera: “Es que nadie nos entiende”. Al asumirse como HSH su angustia disminuyó radicalmente. A partir de ahora se ha vuelto más empático con las personas homosexuales que antes también le provocaban miedo o asco.

Los hombres más jóvenes se interesan por las técnicas más adecuadas y saludables en el sexo anal. Siempre y cuando no sean ellos los que actúen de manera pasiva. Los hombres adultos no quieren oír nada sobre el tema y afirman que lo han hecho sólo con mujeres. Buscan sólo sexo oral.

Al cuestionarles sobre el uso consistente y correcto del condón todos afirman dominar la técnica de su utilización. Luego les pedimos que nos den una explicación paso por paso sobre su uso y muestran diferentes grados de impericia. La falla más recurrente es que la mayoría rompe el paquete con los dientes.

Ninguno utiliza lubricante a base de agua aunque todos nos han dicho que lo conocen. La causa de no utilizarlo es su alto costo o desconocen dónde adquirirlo. Si fuera gratuito les encantaría usarlo para experimentar las ventajas relativas a la sensibilidad y sobre todo a la seguridad que proporciona este insumo.

Tres de estos sujetos se han realizado la prueba de detección de anticuerpos de VIH en el momento de acudir a donar sangre. Saben que no son reactivos a este test. Los demás lo ignoran pero afirman estar dispuestos a realizarse la prueba siempre y cuando no sea muy costosa y cuenten con apoyo sicológico.

Los varones atendidos pertenecen a la clase obrera, son choferes del sistema Uber y uno fue policía pero ahora es guardia en una tienda departamental. Todos niegan andar ligando en la calle con personas desconocidas pero en la plática manifiestan disposición a tener sexo siempre y cuando la persona que los invita tenga lugar propio, ya que ellos no cuentan con recursos suficientes para pagar un motel. Todos piden no verse involucrados en ningún tipo de problemas.

Ninguno ha contratado servicios sexuales de profesionales o trabajadores(ras) sexuales. Tampoco han recibido prendas o dinero a cambio de favores sexuales. Los cinco sujetos quieren más información sobre las técnicas para hacer más felices a su(s) parejas sexuales, incluyendo el uso de condones y lubricante, además de juguetes sexuales.

El temor que más manifiestan es sufrir acoso vía telefónica, en las redes sociales o en su lugar de trabajo por parte de parejas sexuales ocasionales, por eso prefieren buscar gente “tranquila”, “profesionista” y “madura”, que les “enseñe a gozar” de otras posibilidades. El homoerotismo es su mayor fantasía. Todos son católicos practicantes.

Después de la breve plática, de ser escuchados en torno a su ansiedad provocada por sus deseos “extravagantes”, todos se van con evidente serenidad en sus rostros. Nos mandan emoticones con caritas sonrientes y breves textos de agradecimiento.

Ninguno acepta usar drogas aparte del alcohol o el cigarrillo de tabaco. Todos preguntan cómo dialogar con sus hijos respecto al sexo protegido y los riesgos de adquirir una ITS.

Aunque hasta la fecha no contamos con recursos ni de Censida ni Coesida para la ejecución de este programa, la experiencia ha sido muy satisfactoria y emocionante para Rosy y para mí. Seguiremos informando.

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