La paternidad fue tejida y no construida — letraese letra ese

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La paternidad fue tejida y no construida


 

A mi querido papá, por tu amor,
los momentos juntos y lo que me enseñaste.
Tu hijo

…algo no funciona entre nosotros
y que tú has contribuido, aunque sin culpa, a que así sea.

Frank Kafka, Carta a mi padre, 1919.

 

Lo que llama la atención al revisar los estudios sobre la paternidad es que usualmente no se separa el concepto de “papá” del de “patriarca”, y el de “paternidad” del de “patriarcado”, y a éstos se les asocia al de masculinidad y poder. Asimismo, no se analiza el concepto con relación a la familia (esposa, hijas e hijos) sino con relación a un sistema de parentesco donde la cultura, la historia y las relaciones de género predominan. En este artículo sostengo que la paternidad no es patriarcado, y que las mujeres y las hijas e hijos “tejieron” o imaginaron el concepto como resultado de vivir relaciones de abuso en el hogar. El papá era resultado de sus deseos opuestos a la realidad patriarcal, y por ello la dificultad de no pocos hombres para asimilarla y ejercerla.

 

De la antigüedad al medievo
En la mitología griega, los padres que son dioses realizan actos atroces hacia los hijos. Por ejemplo, se los comen (el dios Zeus), luchan contra ellos (el dios Cronos) o los educan en el arte de la guerra (el dios Ares a sus hijos Fobos y Deimos). En general, en la mitología griega los dioses y la violencia siempre están relacionados (De Romilly en Méndez, 2012).

Si bien en Mesoamérica había dioses de guerra como Huitzilopochtli, llama la atención que existían dioses masculinos vinculados a la vida y la creación, como Ometéotl (señor de la dualidad) o Ipalnemoani (dador de la vida). De hecho, el mito de Quetzalcóatl es una de las figuras civilizatorias más destacadas de la mitología mesoamericana (Florescano, 1966). Por otro lado, la iglesia Católica presenta a un dios que por momentos es un padre que castiga e inflige violencia, y por momentos es bondadoso.

Como grupo masculino, al parecer los hombres se quedaron con los rasgos de los primeros, y desarrollaron poco lo segundo. Núñez (2018) y Lorena (2018) señalan que la madre tuvo en la antigüedad un rol predominante, al ser la persona que daba a luz a los hijos e hijas y los cuidaba, y que no estaba clara cuál era la participación del hombre. Asimismo, señalan que en la Edad Media, en los hogares de campesinos y de siervos, tanto mujeres como hombres cuidaban por igual a las hijas e hijos, y no existían como tal los conceptos de “paternidad” ni “maternidad”.

Pero al paralelo, se consolida el patriarcado con el señor feudal, los reyes, etc. Los patriarcas eran dueños de los bienes, recursos monetarios y en especie, tierras, etc., y consideraban a sus esposas, hijos e hijas como parte de esos recursos[1].La familia es la aglutinación de hombres que bajo el manto de un “jefe familiar” o “jefe de un reino” se unen para hacer la guerra y defenderse de invasores. Weber (1987) señala cómo bajo el régimen patriarcal había una organización en linajes sometidos a la autoridad del jefe familiar. Este orden jerárquico era igual aplicado por los ejércitos germánicos, los monarcas orientales así como los contingentes del ejército de los francos (Weber, 1987).

 

En la Edad Media, en los hogares de campesinos y de siervos, tanto mujeres como hombres cuidaban por igual a las hijas e hijos, y no existían como tal los
conceptos de “paternidad” ni “maternidad”.

 

Posteriormente, producto de la riqueza de las conquistas y la invención de la tecnología en el Renacimiento surge la Revolución Industrial que demanda, del campo, fuerza de trabajo, y del comercio, mercados para colocar las mercancías. Esto junto con el amor romántico, a decir de Giddens (1992), inventan a la familia como hoy la concebimos. El estilo de gobernar del patriarca se reproduce en la nueva concepción de la familia en la burguesía, y también la transfiere a la naciente clase obrera y la nueva clase media de los burgos, y fluye hacia los campesinos y sus hábitos comunitarios. Con ello, el género se antepone a otras desigualdades como la clase social, la raza o la edad. Parrini (2000) señala que se vincula el poder y la masculinidad con la paternidad (Parrini, 2000).

Sin embargo, considero que lo que estos autores denominan como “paternidad” no es tal, sino patriarcado. Al internalizar el estilo abusivo del patriarca de gobernar, los hombres generan tres problemas: sientan las bases para una lucha eterna con las mujeres, pues ambos entenderán el cuidado de forma opuesta (él, con violencia y , dinero, y ella, con apoyo emocional y nutrición); los papás –y las mujeres, que adquieren su estilo de educar– reproducen jerarquías y preferencias hacia los hijos e hijas dando más apoyo a los primogénitos y a los hombres que a las mujeres, sentando las bases para un conflicto con ellos/as. Y finalmente, los hombres colocan su identidad en el trabajo (Giddens, 1992) en el lugar del desarrollo emocional. Con esto último, sientan las bases para una crisis permanente con ellos mismos.

De la época victoriana a la crisis de los ochenta del siglo XX
Entonces, desde finales del siglo XIII hasta finales del siglo XX tenemos 200 años de patriarcado en el hogar denominado como “paternidad”. Por eso tiene eco la propuesta de la feminista Phyllis Chesler (Chesler en Laqueur, 1992), quien se pregunta si la paternidad existe y señala que es una idea que se hizo en oposición “al hecho” de las mujeres como madres. Si la familia de corte victoriano vigente hasta la crisis del Estado de Bienestar seguía rígidamente el rol masculino de proveer y castigar en la casa, y el femenino de cuidar y educar a los hijos/as (Torres 2004), no existía como tal un padre, sino un patriarca. Por ello, vale la pena preguntarse ¿dónde estuvo la paternidad en esas familias?

La paternidad no pudo surgir en la mente patriarcal de los hombres, pero sí en la familia patriarcal. El concepto es una invención de las mujeres, las hijas e hijos, resultado de una dinámica familiar abusiva donde identidad, sobrevivencia, salud mental y relaciones de poder estaban en juego. Con relación a la identidad, el “papá” surge como concepto porque habría que nombrar distinto al ser con quien cohabitaban en la familia. En oposición al rol de madre y a los roles de hijos e hijas, era importante nombrar al varón del hogar y, al parecer, “paternidad” y “papá” comienza a ser la mención idónea. En segundo lugar, la palabra “papá” es creada por la mujer para denominar al patriarca por motivos económicos y de salud mental. Esto es, cuando ella mira al hombre de quien depende económicamente decide nombrarlo como padre de sus hijos, y éstos como “papá” como una manera de obtener sus favores económicos y sustento. Finalmente, el surgimiento del adjetivo “papá” (y su sustantivo “paternidad”) aparece como una estrategia política donde la esposa y los hijos e hijas sobrevaloran los rasgos positivos o benévolos del patriarca, y niegan sus rasgos autoritarios y violentos.

¿Pero los hombres que cuidaban no pudieron haber creado el concepto de papás? Recordemos que la mayoría de los hombres no requerían un proceso reflexivo como sí lo requerían las mujeres y las y los jóvenes como grupos subordinados. Lo que posiblemente ocurrió era que aquellos hombres que cuidaban y que no tuvieron un ejercicio patriarcal del poder tomaron de buena gana el concepto de “papá” y “paternidad” y encontraron cobijo en la familia en contra la masculinidad agresiva y patriarcal de otros hombres. O también pudo ocurrir que algunos patriarcas le dieron un giro inesperado a la lógica de “trabajo productivo” por uno de “trabajo reproductivo” y en algún punto tuvieron un “quiebre” o una apertura emocional que los acercó a la paternidad.

 

El surgimiento del adjetivo “papá” (y su sustantivo “paternidad”) aparece como una estrategia política donde la esposa y los hijos e hijas sobrevaloran los rasgos
positivos o benévolos del patriarca, y niegan sus rasgos autoritarios y violentos.

 

De los setenta a la globalización del siglo XXI
En la década de los setenta y ochenta entra en crisis la economía y con ello el ethos masculino centrado en el trabajo. Ello ocasiona crisis en el patrimonio, el salario y, en general, la capacidad de proveeduría del patriarca (por ello entran al mercado laboral las mujeres y los hijos/as). Asimismo, las nuevas tecnologías restan autoridad a su saber y fuente de autoridad. Por ello a partir de los noventa la familia se vuelve flexible y diversa al grado que cada individuo la define y decide si pertenecer a ella o no (Beck-Gernsheim, 2003). Así surge apertura a nuevos temas como la equidad de género, la multiculturalidad, la diversidad sexual, entre otros que cuestionen las relaciones jerárquicas (Capullín, 2017). Debido a esto, muchos hombres están optando por darle un nuevo significado a su lugar en las familias, y los conceptos de “paternidad” y “papá” adquieren sentido.

Pero además, estos conceptos han resurgido como una nueva opción para los hombres de la comunidad lésbico, gay, transexual, transgénero, bisexual e intersexual, para los adolescentes, los parientes que adoptan el papel de papás aunque no sean padres biológicos, y las comunidades indígenas con estilos de cuidado distintos a los occidentales comienzan a ser revaloradas y redescubiertas (Roopnarine y Yildirim, 2016). Así, la paternidad no es definida sólo como apertura emocional sino como un concepto diverso donde el cuidado de algunos hombres llega a adquirir sentido, pero también las demandas políticas de otros también le dan otro sentido. No son hombres adscritos al patriarcado y al poder a quienes les atrae, son hombres que desde la cercanía con sus familias pretenden darle sentido o bien a sus crisis y/o al deseo reproductivo.

Pero el patriarcado no se queda con los bazos cruzados. Los grupos conservadores envalentonados con triunfos de patriarcas como Donald Trump en Estados Unidos o Jair Bolsonaro en Brasil, así como por el avance de la ultraderecha en Europa, claman por “la familia ordenada y tradicional”. Piden que el patriarca (el “hombre fuerte”) regrese para poner orden. Ese orden que la religión impuso desde los albores de la humanidad, aquél que el colonialismo impuso a las comunidades y que el capital impuso a los obreros y campesinos. El mismo orden patriarcal que intenta imponerse a las mujeres, a los gays y lesbianas, a jóvenes y adolescentes. Piden repetir los mismos errores de la historia. Y los hombres, al igual que hace 200 años, tendrán que elegir.

 

*Director de Hombres por la Equidad, A. C.; economista, sociólogo y candidato a Doctor en Teoría Crítica. Correo: [email protected] Bibliografía completa: letraese.jornada.com.mx

 

 

 

Bibliografía

Angulo Menasse Andrea, “Experiencias de familias homoparentales con profesionales de la psicología en México, Distrito Federal. Una aproximación cualitativa”, Revista Cuiculco, UNAM, México, Vol. 21, no. 59, enero/abril 2014.

Beck-Gernsheim Elisabeth, La reinvención de la familia. En busca de nuevas formas de convivencia, Paidó, 2003.

Florescano Enrique, “Sobre la naturaleza de los dioses mesoamericanos”, en Revista Nexos, Diciembre, 1996.

Frankl Viktor, El hombre en busca de sentido, Herder, España, 1979.

Giddens Anthony, La transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas, Editorial Cátedra, Madrid, 1992.

Gutiérrez Capullin Reynaldo et. al., “El concepto de familia en México. Una visión desde la mirada antropológica y demográfica”, en Revista Ciencia ergo.sum, Nov.2016- Dic. 2017

Laqueur Thom W., “Los hechos de la paternidad”, En Revista Debate Feminista, septiembre 1992 .

Loren Rojas Olga, “Criar a los hijos y participar en las labores domésticas”, en Amuchástegui Ana y Sasz Ivonne, Sucede que me canso de ser hombre... Relatos y reflexiones sobre hombres y masculinidades en México, Colegio de México, México, 2007.

Méndez Aguirre, Víctor Hugo, "La Grecia antigua contra la violencia" de Jacqueline de Romilly, en Revista de Ciencias Sociales, Universidad Arturo Prat, Tarapacá, Chile ,núm. 29, 2012.

Nuñez Carpizo, Elssié, “La figura paterna en el proceso de socialización”, en Revista de la Facultad de Derecho de México, Tomo LXVIII, Número 271, Mayo -Agosto 2018.

Parrini Rodrígo, “Los poderes del padre: paternidad y subjetividad masculina”, en Olavarría A. José y Parrini Rodrigo, Masculinidades/es. Identidad, sexualidad y familia, Flacos, Chile, 2000.

Roopnarine Jaipaul L.y Yildirim Elif Dede, “La paternidad en diversos contextos” en el Portal Enciclopedia para el desarrollo de la primera infancia, Syracuse University, Estados Unidos, 2016.

Torres Velázquez, Laura Evelia, “La paternidad: una mirada retrospectiva” en Revista de Ciencias Sociales, Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica, vol. III, núm. 105, 2004.

Weber Max, Economía y sociedad, Fondo de Cultura Económica, México, 1987.



[1] Para Hornilla, citada por Núñez (2018), el patriarca tiene el principio del amor condicionado, promueve la desigualdad, la jerarquía y la lucha; busca la individualidad, el autoritarismo y la represión. Y promueve la racionalización, la civilidad crítica, el culpabilismo, la técnica y la ciencia.

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