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Feminismo en tres colores


Tras analizar y participar en movilizaciones sociales durante los años de finales del siglo XX, sobre todo en aquellas que pugnaban por el reconocimiento de los derechos laborales, Gaphee Koo, académica y feminista de Corea del Sur, pensó que se habían obtenido grandes logros en el reconocimiento de tales derechos. Sin embargo, de manera crítica, se percató de que cada movimiento contaba con su propia identidad, pero ninguno estaba generando una verdadera merma al sistema ni provocaba cambios de fondo sino sólo de forma. Por tanto, era momento de replantear el camino hacia donde se estaban yendo todos los movimientos y cómo lograr sus objetivos.

¿Cuál es el reto del feminismo en el siglo XXI a escala global? Superar sus propias limitaciones, transformar sus agendas y encontrar nuevas, es decir, transgredir sus propias barreras, afirmó sin dudar, Koo, cofundadora de la Red de Activismo Glocal (que tiene presencia en varios países de Asia, África y América, incluido México), durante su participación en el Foro “Aportes feministas a la movilización social”, celebrado en la Comisión Nacional de Derechos Humanos a principios de este año.

De acuerdo con la autora del artículo “Aparato sexogenérico y teoría cultural feminista”, los movimientos feministas han encaminado sus esfuerzos al reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres y de la igualdad, en el cambio de los sistemas jurídicos a fin de agregarles una perspectiva de género. Incluso, señaló, hay segmentaciones en los movimientos de las mujeres, en el sentido de que algunos están enfocados a trabajar en la erradicación y atención de la violencia sexual o la transversalización de las instituciones, pero desconocen lo que ocurre con las mujeres trabajadoras o con algún otro sector de la población femenina, limitándose la posibilidad de sujetas activas.

A fin de no ser drástica, la fundadora del Centro Cultural para las Mujeres y Teorías Feministas de su país mencionó que esta situación no es exclusiva de los movimientos feministas sino, en general, de todas las movilizaciones sociales. Ante dicho panorama, afirmó que cada una de dichas movilizaciones debe encaminarse hacia un cambio estructural para trabajar en contra del sistema, y no desgastarse en luchar unos contra otros o en obstaculizarse sin pensar en el objetivo real del movimiento que es cambiar las realidades actuales.

Por esas razones, los movimientos deben traspasar sus propias delimitaciones e interconectarse, conocer más sobre lo que hacen otros y, sobre todo, volcar sus miradas para atender problemas estructurales, advirtió la especialista, quien ejemplificó lo anterior señalando que el movimiento laboral suele basar sus demandas en lo que ocurre al interior de las industrias de manufactura o de servicios, espacios comúnmente ocupados por hombres, pero pocas veces voltea a ver las carencias que tienen las mujeres en sus áreas laborales, sean remuneradas o no.

La glocalidad
La llave que abriría el picaporte de las diferentes causas sociales y permitiría la unión entre ellas, respetando sus particularidades y dinámicas, es la perspectiva glocal, una visión que permite acercarse a las problemáticas locales sin perder de vista el contexto global, es decir, más allá de un marco nacional, comentó Koo, quien ahondó que el término deriva de un juego de palabras global y local para hacer referencia a lo local visto desde lo local, y lo global visto desde lo local, permitiendo alejarse de otras perspectivas teóricas como aquellas que hablan del Sur global, del Tercer Mundo o de la transnacionalidad, entre otras. El objetivo de dicho alejamiento es que con la mirada glocal se identifique la realidad de cada una de las localidades para lograr cambios más amplios, es decir, “actuar localmente para impactar globalmente”.

Para lograr dicho impacto, se requiere ampliar la visión local a otros colores de lucha, a otros movimientos que en conjunto permitirán ofrecer una respuesta a ese “sistema patriarcal global” en el que vivimos actualmente y que se ha encargado de reforzar la discriminación basada en el género de las personas, la raza, la clase social, entre otras condiciones, a través del capitalismo, los fundamentalismos y el imperialismo, afirmó la también docente de la Universidad Hanshin de Corea del Sur.

La gama de colores propuesta por la investigadora en temas como el trabajo del hogar y el trabajo sexual es la de verde- rojo-morado. Verde, porque considera que en estos momentos, el tema de medio ambiente es de suma importancia y debe sumarse a otros intentos por modificar la trayectoria actual de las situaciones globales y locales, además de permitir el contemplar a otras especies dentro de las soluciones a proponer. El rojo representa las movilizaciones de las clases trabajadoras en la búsqueda del reconocimiento de sus derechos y la mejora de sus condiciones laborales. El morado significa las diversas corrientes feministas que si bien tienen un objetivo común, tienen diferentes maneras de ver las cosas y estás deben respetarse y reconocerse.

La conjunción de estas visiones ha sido denominada paradigma de los tres colores, explicó la catedrática de teoría feminista y literatura inglesa, para quien un paradigma significa un modelo que puede ser utilizado por los diferentes activismos y movimientos. De manera particular, el de los tres colores implica que cada uno de ellos tiene su propio paradigma pero se conjuntan cuando se deben plantear soluciones estructurales.

De esta manera, la adopción de una visión de este tipo, advirtió la autora de libros como El Sistema Seong o Trabajo y Sexualidad, permite comprender que cada movimiento va a intentar resolver sus problemas de una forma diferente, pero también que las posibilidades de solución para cada problema se amplían, abriendo la puerta para que dicho movimiento pueda modificar su forma de trabajo y su metodología.

 

La gama de colores propuesta por la investigadora en temas como el trabajo del hogar y el trabajo sexual es la de verde- rojo-morado. Verde, por el movimiento medioambientalista; rojo, por las movilizaciones de las clases trabajadoras, y morado, por las diversas corrientes feministas.

 

Escuelas feministas
Para la cofundadora de la revista Theoria, especializada en teorías feministas y sus prácticas, parte de los trabajos necesarios en el paradigma de los tres colores es la formación y capacitación de las mujeres para que, desde sus localidades, comiencen a aportar soluciones a las problemáticas globales a las que se enfrentan en su devenir cotidiano.

Por esa razón, en cada punto donde haya representantes de la Red, se trabaja en la apertura de Escuelas Feministas, pensadas como espacios donde mujeres que ya trabajan en diferentes activismos como la defensa de los derechos de las trabajadoras del hogar, de las mujeres que ejercen labores de cuidados o de las trabajadoras sexuales; los derechos sexuales y reproductivos; las violencias de género; el ecofeminismo; la defensa de los derechos de las comunidades de la diversidad sexual, entre otras causas, puedan conjuntarse y tengan la oportunidad de “ensamblar” sus diversos activismos y metodologías de trabajo entre sí bajo el paradigma de los tres colores.

Además, cada una de las participantes se hará parte de la Red de Activismo Glocal e implementará sus propias acciones al interior de sus comunidades, compartiendo sus experiencias con sus pares de otras latitudes del mundo, generando agendas en común que permitan la incidencia social en diferentes espacios alrededor del globo terrestre.

En el caso de México, la Red tiene como representantes al Centro de Apoyo a la Trabajadora Doméstica, a Salud Integral para la Mujer y a la Colectiva Sororidad Glocal, que han trabajado en la implementación de la primera escuela en Chiapas, con mujeres indígenas, y que esperan poder ampliar el alcance de dicha propuesta con la apertura de, por lo menos, otra escuela a la cual puedan acudir mujeres de diferentes puntos de la República Mexicana, y a su vez, éstas puedan expandir los alcances de la Red hasta espacios geográficos donde otros movimientos no están llegando.

Reducir la desigualdad social, con el énfasis de propiciar un cambio estructural en el que haya concordancia entre la igualdad entre las personas, el respeto a los derechos humanos, un medio ambiente favorable para todos los seres vivos y la paulatina disolución del patriarcado capitalista son las tareas que Koo consideró debe llevarse cada una de las integrantes de la Red y, en general, todas las personas que deseen otra realidad.

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