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Diversidad en medio del conflicto


Los actores implicados en el conflicto armado en Colombia han implementado distintos repertorios de violencia, de regulación y control que responden a sus intereses económicos, ideologías políticas, prácticas militares y, especialmente, al orden moral que desean implantar. Para comprender mejor el conflicto, relatos como el de Cristina describen la situación. La reflexión de Cristina explica lo que significa un “repertorio de violencia”. “¿Qué era limpiar un territorio? Era sacar putas, era sacar maricas, era sacar viciosos, era sacar lo que supuestamente se veía como una escoria en la sociedad, pero no podría decir que fue el uno o el otro [actor armado]” (Cristina, mujer trans, 29 años).

Cristina, una mujer trans nacida en Antioquia, reflexiona sobre lo que significa la “limpieza social” y relata cómo fue el hecho: “limpiar un territorio”; contra quiénes se ejerció la violencia: “putas, maricas y viciosos”; quiénes fueron los perpetradores: distintos grupos armados como los paramilitares y los grupos armados posdesmovilización; y, finalmente, las justificaciones de los armados para ejercer la violencia: el hecho de que estas personas se hayan apartado del orden social establecido, sujetos que iban en contravía del orden moral impuesto, siendo estigmatizados como “una escoria en la sociedad”, estigma que ha servido, según Cristina, como discurso justificatorio para las victimizaciones.

En el fragmento citado se puede comprender quién ejerció la violencia, contra quién la ejerció y por qué se llevó a cabo. En este sentido, reconstruir repertorios de violencia no consiste en elaborar listados de hechos victimizantes, sino esclarecer el funcionamiento de esas violencias a partir de una comprensión de quién perpetró los hechos, sobre qué sujetos lo hicieron y qué objetivo persiguen con estas acciones, lo que permite reconstruir el sentido y los significados de estas violencias en el marco de las dinámicas específicas del conflicto armado en los territorios.

Durante el conflicto armado, algunas personas de los sectores sociales LGBT han sido victimizadas por razones distintas a su orientación sexual o a su identidad de género, como sucede en los casos de desplazamientos masivos ocurridos en varios territorios. En estos casos, aunque el repertorio de violencias no se activa en función de la orientación sexual o la identidad de género de las personas, las consecuencias de esos repertorios son diferenciadas en virtud de estas características. Nuestro trabajo se concentra fundamentalmente en la reconstrucción de los repertorios de violencia que tienen una relación directa con las sexualidades y las identidades de género de las víctimas, con el fin de avanzar en la comprensión de las violencias que viven las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero en el marco del conflicto armado del país.

 

“Ninguno de los casos emblemáticos que trabajó la Comisión Nacional de Reparación y Reconciliación centró su investigación en las víctimas LGBTI. Se encontró un profundo silencio sobre lo acontecido a esta población en la mayoría de las regiones; un silencio que ha permitido la invisibilidad y el olvido de sus sufrimientos, sus perjuicios y también sus resistencias.

 

“Las maricas no encajamos”
Al respecto, el testimonio de Vladimir, hombre gay residente en Bogotá, es elocuente: “Nosotras no encajamos en el mundo de ellos [de los actores armados]. Si nosotros llegamos a un bar normal y hay gente que se ve como campesinos arraigados o gente que se ve como mala clase, siempre nosotras las maricas somos discriminadas, como que nosotros respiramos y a ellos les hace falta el oxígeno, entonces nosotros no les encajamos porque no les copiamos” (Vladimir, hombre gay, 26 años).

Ese sentimiento de “no encajar” implica que las acciones de los actores armados no se encuentran aisladas de cómo está configurado el orden social heteronormativo en la sociedad, orden que regula y controla las sexualidades y los cuerpos, que oprime y violenta aquello que se sale de sus parámetros.

Así, los hechos victimizantes contra personas que se apartan de la norma heterosexual no han sido acciones aisladas dentro del conflicto armado colombiano, sino que hacen parte de las lógicas de control y regulación de los cuerpos y la sexualidad en medio de la imposición de determinados órdenes morales a través de distintas modalidades de violencia contra estas personas y las comunidades a las que pertenecen. Si bien estas acciones violentas se originan y nutren en las prácticas y discursos justificatorios de las violencias heteronormativas ya existentes en la sociedad, su ocurrencia ha exacerbado, perpetuado y transformado estos discursos y prácticas, agravando la vulneración de derechos humanos que sufren las víctimas de los sectores sociales LGBT.

Existe un continuum de violencias que viven las personas LGBT y que es determinante en la manera como ocurren los repertorios de violencia en el marco del conflicto armado. Sin embargo, esas violencias continuadas se vieron transformadas por la emergencia o llegada de los actores armados a los territorios, en tres formas distintas:

Primero, la presencia de los grupos armados exacerba el orden de género hegemónico ahondando las distancias entre lo masculino y lo femenino. En medio de esa radicalización del orden de género, quienes no se ajustan a la norma quedan incluso más expuestos y expuestas.

Segundo, las violencias no operan de la misma forma cuando existe el poder de las armas. A través de las armas se configuraron unos órdenes sociales que, aunque mantuvieran relación con prácticas e imaginarios preexistentes, inventaron nuevos modos de excluir, violentar y eliminar aquello que según estos nuevos órdenes era indeseado.

Y tercero, la presencia de actores armados en los territorios, particularmente de los grupos armados ilegales, ha transformado las formas de resolución de conflictos de las comunidades y la relación entre la sociedad civil y el Estado. Actores armados como las guerrillas, los paramilitares y los grupos posdesmovilización paramilitar, implantaron en las comunidades órdenes sociales paralelos donde ellos asumieron la autoridad, el control, la vigilancia y el castigo.

El trabajo de memoria histórica permite identificar que no todas las personas que tienen orientaciones sexuales o identidades de género no normativas, viven violencias por parte de los actores armados, por cuanto en los distintos territorios existe una diversidad de criterios de selectividad que explican por qué algunas personas de los sectores LGBT se han convertido en un blanco para los grupos armados mientras que otras personas de los mismos sectores logran evadirse de su accionar.

 

Durante el conflicto armado, algunas personas de los sectores sociales LGBT han sido victimizadas por razones distintas a su orientación sexual o a su identidad de género, como sucede en los casos de desplazamientos masivos.

 

El deseo de ser invisible
Ser visible es el elemento más común en la memoria de quienes se apartan de la norma heterosexual y se han convertido en víctimas del conflicto armado. No todas las personas que sostienen prácticas sexuales no normativas llegan a ser visibles; algunas de estas han logrado de manera consciente o inconsciente mantener un perfil que les permite pasar desapercibidas en las comunidades, incluso, cuando se conoce su orientación sexual. Para quienes por su identidad de género no cumplen con los cánones establecidos por la heteronormatividad ha sido más difícil la invisibilidad, y es sobre estas personas que los actores armados fijan su mirada con más frecuencia: personas transgénero, o personas gays, lesbianas, bisexuales, e incluso heterosexuales, son personas que por su comportamiento, conducta o expresión de género, no se ajustan al orden hegemónico.

“A ellos les molestan los ademanes que nosotras tenemos, o la forma de ser de uno, porque como ellos son machistas, ellos dicen que uno les están quitando las mujeres a ellos (…). Entonces la gente dice: ‘Esta sí es, pero es la que está dañando a las demás’. Mi pareja se viste un poquito más femenina que yo, a la otra niña la gente la ve y dice que no, que ella no es así., porque ella sí es totalmente femenina. Por eso más bien, es que yo soy la promotora de eso” (Patricia, lesbiana, 32 años).

Los actores armados han querido castigar que estas mujeres se relacionen con otras mujeres de la comunidad y cuando ellas entablan relaciones sentimentales, sienten que les están quitando “lo suyo”, porque en su lógica las mujeres del territorio les pertenecen.

En la misma lógica, a los hombres trans, quienes por su expresión y por su identidad de género son más visibles, los grupos armados les han violentado por lo que ellos ven como un “querer ser hombres”. Apoyados en ese razonamiento, los actores armados les han “castigado” para así “enseñarles a ser mujeres”.

En otras ocasiones, los actores armados han instigado a los hombres trans a ser aún más violentos que alguien que fue socializado como hombre, configurándose una lógica en la cual para ser reconocido como hombre es necesario masculinizarse, condición que exige potenciar la agresividad y la violencia, es decir, encarnar una masculinidad guerrera.

Así mismo ha ocurrido con quienes son socializados como varones y tienen comportamientos y una expresión de género que se asocia con lo femenino, comúnmente denominados “afeminados” o más despectivamente “locas”. No hay que perder de vista que las dinámicas del conflicto armado están señaladas por el funcionamiento de una masculinidad hegemónica, encarnada en los grupos armados integrados mayoritariamente por hombres.

Este hecho no es irrelevante, pues estos varones combatientes han sido educados como hombres ahondando en características como la fuerza, la autoridad y la violencia, y en su accionar en la guerra se materializa esa formación. De esta manera, los actores armados se relacionan con los hombres gays de una manera distinta a como lo hacen con las mujeres lesbianas. A ellas, al igual que a otras mujeres de los territorios, se les ve como propiedades, a los varones gays se les ve como pares que renunciaron a su lugar de privilegio: se les acusa de rechazar la masculinidad. Como lo decía un hombre gay de la región de Montes de María en el Caribe, se les castiga porque según los actores armados, “hacemos quedar mal a los hombres”.


*Fragmento editado del libro Aniquilar la diferencia. Lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas en el marco del conflicto armado colombiano. Disponible en http://www.centrodememoriahistorica.gov.co/descargas/informes2015/aniquilar-la-diferencia/aniquilar-la-diferencia.pdf

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