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El modelo de parto respetado


Desde los inicios de la humanidad, el parto y el nacimiento eran procesos fisiológicos que se pensaban como normales en un mundo natural. Para atenderlos, las mujeres fueron las encargadas de generar conocimiento y establecer una atención adecuada para las mujeres en parto y sus bebés. No obstante, desde la Edad Media hubo una transformación sociocultural que tuvo repercusiones en la forma de atender estos eventos.

Durante el medievo se sentaron las bases para establecer a quién pertenecía el conocimiento médico. Por un lado, estaba el saber masculino, considerado culto y casi por añadidura en relación estrecha con Dios, contexto predecesor de la medicina occidental. Por otro lado, el conocimiento derivado de la “magia”, la “hechicería” y la “superstición”, el cual se situaba en la figura femenina y carecía de la seriedad.

Más tarde, en los siglos XVII y XVIII, la medicina incluyó la obstetricia dentro de las áreas a atender. Si bien la constitución de aquélla trajo innovación científica, su tecnificación impactó socialmente para que no se reconociera la medicina tradicional y la partería. Así, se concibió el cuerpo de las mujeres como objeto de control. La función de ellas en el momento del parto era obedecer las indicaciones de los médicos, resultando prácticas violentas de forma física y simbólica al atender el embarazo, parto y nacimiento.

Humanización del parto
Ante la relación entre el poder, el saber, la medicina y la violencia para la asistencia del embarazo, parto y puerperio, existe una perspectiva diferente que se ha llamado parto humanizado o como sus derivaciones conceptuales lo refieren, “humanización del parto”, “parto respetado” o “parto sin violencia”, que busca modelos y protocolos de atención para que las mujeres estén libres de cualquier tipo de violencia durante estos procesos, no sólo desde la medicina con evidencia científica, sino de otras medicinas como la partería.

El parto humanizado pretende devolver el proceso fisiológico a las mujeres y reconocer sus derechos, por tanto, no se limita a dar un trato cariñoso y educado a las mismas y sus bebés, sino también considera que el proceso de embarazo, parto y nacimiento son eventos naturales y que es necesario romper las prácticas violentas.

Para la asociación El Parto es Nuestro, el parto humanizado es el respeto por la dignidad de la mujer, el parto y el bebé. En este sentido, existen cuatro tipos de respeto: 1) respeto por la fisiología, expresada en la postura vertical para parir (la más natural), 2) respeto por los deseos y necesidades de la mujer, 3) respeto por los derechos de la mujer como usuaria del sistema de salud y 4) respeto por los derechos de las y los bebés.

En este modelo la mujer es quien toma el mayor número de decisiones, por lo que tiene libertad de movimiento, libertad de expresión para aclarar dudas, el acompañamiento de pareja o persona cercana a ella en todo momento, el consentimiento para comer o beber durante el parto, el apego inmediato a su bebé, favorecer la lactancia materna o bien, en los casos de pérdidas perinatales, ella es quien decide si tiene o no un contacto con su bebé. El parto humanizado se distingue por el uso limitado de medicamentos para acelerar el parto, así como de procedimientos médicos innecesarios durante el mismo como la episiotomía.

En América Latina, en el año 2000, se formó la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento, la cual se encarga de agrupar a actores sociales clave para proponer acciones que fomenten una mejor experiencia de parto y nacimiento. De este esfuerzo se derivó la Semana mundial por un parto digno y respetado, celebrada en mayo de cada año.

En México existen diversos protocolos de atención medica de calidad para las mujeres y sus bebés. Ejemplo de esto fue la publicación en 2007 de la Norma Oficial Méxicana-007 (Nom-007) para la atención de la mujer durante el embarazo, parto y puerperio, y de la persona recién nacida, donde se concentran los lineamientos que el personal de salud debe seguir para brindar una atención libre de violencia.

También están disponibles otros materiales que permiten que las mujeres conozcan sus derechos en el momento del parto, tales como la Cartilla de Atención Humanizada del Parto (Parto Libre, GIRE y CDHDF) y las Recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS/OPS) para la atención del parto normal.

La clave de un parto respetado no solo radica en el reconocimiento de las mujeres y sus derechos, sino en la deconstrucción de concepciones violentas estructurales que ejercen un poder y control sobre ellas, el proceso fisiológico y sus bebés. Es necesario recuperar el sentido ético –entendido no como prohibición, sino como conciencia– en la asistencia durante el embarazo, parto y nacimiento por el personal de salud, parteras y doulas (acompañantes del parto).

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