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Ética e inclusión: una apuesta


Los seres humanos vienen al mundo a ser felices, afirmó el filósofo griego Aristóteles hace más de 2000 años, y esa es la idea con la que se rige Leticia Alvarez Arreola, catedrática del departamento de Filosofía y Ética del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Campus Monterrey. Con ese precepto ha buscado guiar al alumnado que durante casi tres décadas se ha formado en sus aulas. La ética ha sido su pasión y su vida y desde ese lente analiza los problemas sociales, tantas veces producto de la poca atención a esta ciencia.

Aristóteles, Epicuro de Samos, Immanuel Kant, Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas formularon cuatro de las principales teorías éticas que permiten entender que el ser humano viene a ser feliz, explica en entrevista con Letra S. “El problema es cuando empieza la relación humana y hay algo que te limita a encontrar en el otro lo que eres tú mismo”.

Alvarez estudió la Maestría en Democracia y Educación en Valores en Iberoamérica en la Universidad de Barcelona y ahí descubrió el tema de los derechos humanos, el cual  todavía estamos lejos de poder entender, considera, pues “se habla de ello como una novedad, pero esto no es ninguna novedad”, comenta. “La dignidad humana es algo con lo que naces, es parte de tus derechos pero implica también obligaciones porque vives en una comuna, en una sociedad”. Lamentablemente, considera la académica, la convivencia humana no es fácil, y menos aún hoy en día en que se debe convivir con la diversidad. “Cuando hablamos de diversidad no es sólo en el ámbito cultural, sino también en el ámbito de esos usos y costumbres llamados moral. El entender al otro es cada vez más complicado por una sencilla razón: el ser humano es cada vez más egoísta”, declara. “Nos estamos preparando más en tener que en ser, nos obsesionamos por poseer, por ejemplo, una casa, tener una familia, tener un carro, desde el valor material hasta el valor estético, como tener una figura envidiable a costa de lo que sea, de pisar a todos”.

El nuevo desorden mundial

Aristóteles, sigue la docente, es muy sencillo en su manera de concebir el mundo y dice que el ser humano está aquí para ser feliz. “Los seres humanos tenemos que aprender a no utilizar al otro para lograr nuestros fines, pero parece que nos empeñamos en eso. Y cuando eso sucede es cuando estamos viendo lo que yo llamo el nuevo desorden mundial, en donde a través de utilizar al otro queremos lograr subir un peldaño o lograr ser felices”.

Por eso, sostiene, hablar hoy de derechos humanos sigue siendo un asunto pendiente. También por esta razón, considera que las universidades tienen que asumir un rol transformador. “Un modelo universitario ya no puede exclusivamente formar profesionales en su especialidad, tenemos que apostar por el desarrollo humano, y eso implica que aquel profesional que tú estás formando tiene que estar comprometido con su entorno, se tiene que involucrar”.

 

La voluntad, la autonomía, la responsabilidad y la capacidad de dialogar son básicos para conseguir una convivencia más justa y mejor para las personas.


En ese sentido, la ética como ciencia otorga herramientas que permiten a los estudiantes (a las personas, pues, en general) transformarse. Por eso, ella ha dedicado gran parte de su carrera a la formación de sus alumnos y alumnas, trayectoria por la que fue invitada a participar en la creación del Plan Nacional de Desarrollo en el gobierno de Felipe Calderón, representando a su institución, más conocida como Tec de Monterrey.

“Existe la necesidad de una formación dentro del aula a través de espacios de reflexión desde edades muy tempranas para ir construyendo a ese ser humano que tarde o temprano va a crecer y se va a confrontar de manera personal, de manera afectiva y tiene que estar preparado, tiene que entender que en esta vida no todo está permitido”.

Al llegar a este punto, la también maestra en Ética para la Construcción Social por la Universidad de Deusto en Bilbao, España, recurre a la doctrina del filósofo alemán Immanuel Kant: “él no se equivocó porque hoy por hoy uno de los grandes problemas que tenemos es que no queremos respetar las normas y las leyes, no queremos una convivencia sana, no queremos lograr una sociedad más plural, más diversa”, observa. “Queremos imponer y no nos queremos sentar a dialogar porque no tenemos las herramientas para hacerlo”.

La importancia de los valores fundamentales

A la luz de sus 27 años de carrera docente, Leticia Alvarez observa hoy en el ámbito universitario “una enorme y profunda soledad” entre las y los jóvenes, porque las nuevas tecnologías de alguna manera han “sustituido la presencia, el afecto, lo que llamamos la ética del cuidado”.

Para regir la vida conforme a la ética es necesario poner en práctica una serie de valores fundamentales. La voluntad, la autonomía, la responsabilidad y la capacidad de dialogar son básicos, considera la entrevistada, para conseguir una convivencia más justa y mejor para las personas. “Nuestro error ha sido querer que todos pensemos igual, por eso yo pienso que el resultado del diálogo no necesariamente es el consenso, sino los acuerdos, ese es el primer nivel y para eso hay que aprender a ceder”.

Pero para que los alumnos y alumnas adopten realmente esta escala de valores hace falta que se involucren muchos factores. Los agentes movilizantes, como son llamados, son elementos que influyen de manera importante en la toma de decisiones de cada persona. ¿Cuáles son esos agentes? “La familia, los amigos, la religión, los profesores, los espacios físicos (como universidades, escuelas, centros de recreo), todo eso influye en nosotros, y no se diga hoy en día los medios de comunicación”.

Inclusión social para visibilizar a los invisibles

Alvarez Arreola visitó la Ciudad de México en diciembre pasado para participar en el Congreso Internacional de Innovación Educativa, organizado por el ITESM en el campus de esta ciudad. Durante su estancia en la capital del país, constató que los diversos espacios públicos (banquetas, centros comerciales, escuelas) estan todavía muy lejos de ser aptos para recibir a personas con discapacidad motriz, tal como la que ella padece. La maestra necesita utilizar una andadera para desplazarse y constantemente encuentra en su camino obstáculos que debe sortear, a veces con ayuda, a veces sin ella.

De esta manera, adquirió otro sentido la mesa de discusión titulada “Ciudadanía: un poder transformador desde la universidad para la inclusión social y la equidad de género”, en la que participó. “Las personas con discapacidad estamos olvidadas, somos invisibles”, aseveró Alvarez Arreaola frente a un público por igual atento que sorprendido.” No podemos ni siquiera encontrar un espacio digno para caminar”.

En la mesa se cuestionó también el papel que juegan las cuotas (de género, de personas con discapacidad) para que las empresas obtengan reconocimiento social o beneficios fiscales. “¿Por qué necesitamos un incentivo para cumplir responsablemente con la sociedad?”, inquirió Alvarez, “¿por qué tenemos que tener incentivos para voltear a ver al diferente?”. Y aquí salió a relucir el hecho de que las poblaciones llamadas vulnerables (personas con discapacidad, mujeres, niñas, adultos mayores, etcétera) no lo son en sí mismas, sino que la sociedad las ha vulnerado o las ha colocado en situaciones de vulnerabilidad, tal como le sucedió a ella.

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