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Simone Veil, feminista ilustre


“A los grandes hombres, la patria agradecida”. A un año de su fallecimiento, Simone Veil (1927-2017) tuvo el honor insólito de que sus restos fueran trasladados al Panteón, una iglesia transformada en monumento republicano durante la Revolución Francesa, dedicado a venerar, en una tradición laica, la memoria y cenizas de científicos, políticos y hombres de letras como Voltaire, Rousseau, Emile Zola, Victor Hugo, Jean Moulin y André Malraux. Ninguna mujer había jamás gozado de tal distinción, con excepción de la química Marie Curie, quien antes ingresó al recinto, aunque sólo en calidad de esposa del físico Pierre Curie. Por decisión del presidente Emmanuel Macron, este año la ex ministra de salud bajo Giscard d’Estaing y promotora en 1974 de la controvertida Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVG), fue admitida al prestigioso santoral laico.

Auschwitz, matrícula 78651
La existencia de Simone Veil fue casi novelesca, “una historia que comienza como un cuento de hadas”, según el escritor y académico Jean D’Ormesson. Hija de padres judíos laicos, asiste en 1941, a los 14 años y bajo el régimen colaboracionista de Vichy, a la deportación de su padre André Jacob a los campos de exterminio nazis. Confinada en Drancy junto con su madre y su hermana Madeleine, y con el estigma del número 78651 tatuado en su brazo, Simone es a su vez deportada en 1944 a Auschwitz, campo de concentración del que logra sobrevivir para regresar a Francia en 1945, donde concluye un bachillerato interrumpido.

A partir de entonces la carrera de la joven Simone será fulgurante. Realiza paralelamente estudios de derecho y ciencias políticas, contrae nupcias a los 19 años con Antoine Veil, un joven inspector de finanzas públicas. Interesada en atender las causas penitenciarias, logra acceder a la judicatura nacional reservada hasta 1946 únicamente a los hombres. Cuando consigue un puesto en la dirección de asuntos civiles, promueve reformas al código civil en asuntos familiares y redacta una ley sobre el tema de la adopción. Contrariando las reticencias de su esposo, quien procuraba limitar las actividades de Simone a la esfera doméstica, la abogada prosigue, contra vientos y mareas, una brillante trayectoria profesional ocupando diversos cargos oficiales tradicionalmente vedados a las mujeres hasta convertirse en 1969, bajo el gobierno de Georges Pompidou, en secretaria del Consejo Superior de la Magistratura. Muy pronto comienza la joven funcionaria a destacar por sus posturas progresistas en los sucesivos gobiernos conservadores de la Quinta República francesa.

Algunas figuras feministas en los años posteriores a la fecha parteaguas de 1968 reconocen su independencia moral, su protagonismo excepcional en un medio dominado por los hombres, y sus aportaciones en la defensa de los derechos de los prisioneros (una condición vivida en carne propia durante la guerra) y en la causa de la emancipación femenina. Sus aliadas intelectuales feministas son numerosas, desde Simone de Beauvoir hasta Gisèle Halimi y la cineasta Marceline Loridan-Ivens, compañera de Simone en Auschwitz, y todas reconocen su valentía y su aporte a la causa de las mujeres. A nadie sorprende que el presidente Giscard d’Estaing la nombre ministra de salud en 1974 (única mujer con un cargo de tal calibre en el gobierno), y que desde ese puesto ella promueva un proyecto de ley para despenalizar el aborto en Francia, la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVG), conocida desde su aprobación final en 1975 como la Ley Veil. Entre los argumentos que presenta la ministra de salud en noviembre de 1974 para modificar las leyes represoras contra las mujeres que abortan en la clandestinidad destaca el siguiente pasaje de un célebre discurso pronunciado ante una Asamblea Nacional compuesta de modo casi exclusivo por hombres:

“Desearía ante todo compartir con ustedes una convicción femenina: ninguna mujer recurre con alegría en su corazón al aborto. Basta con escuchar a las mujeres. Se trata siempre de un drama y siempre será un drama. Por ello, si el proyecto que aquí les presento toma en cuenta una stuación de hecho existente, si admite la posibilidad de una interrupción del embarazo, es para controlarlo y, en lo posible, para disuadir a la mujer de practicarlo. ¿Quien se ocupa hoy de las mujeres que viven esa situación de angustia? La ley actual las condena no sólo al oprobio, la soledad y la vergüenza, sino también al anonimato y a la angustia de la persecución. Obligadas a esconder su condición, muy rara vez encuentran quien las escuche, las oriente o les ofrezca una protección o un apoyo. Entre quienes hoy combaten una eventual modificación de esa ley represiva, ¿cuántos se han preocupado por ayudar a esas mujeres en su desasosiego? Y más allá de lo que juzgan como una falta, ¿cuántos han sabido manifestar a las jóvenes madres solteras la comprensión y el apoyo moral que tanto necesitan?”.

Una vocación europea
El proyecto de ley es explosivo. Se trata de legalizar la interrupción voluntaria del embarazo antes de concluir las diez primeras semanas del mismo. La discusión en la Asamblea es violenta. Durante tres días se suceden en el recinto legislativo descalificaciones, anatemas religiosos y morales, inclusive injurias contra la ministra de salud. Un diputado de la mayoría conservadora llega al extremo de sostener en el aire un frasco con un feto y equipara el aborto al exterminio nazi. En esa ocasión, como en agresiones posteriores por parte de activistas de extrema derecha, Simone Veil responde con energía: “Conocí los campos de concentración, los padecí lo suficiente como para tenerle miedo ahora a un puñado de ‘nazillons’, nazis de pacotilla”. De modo sorprendente, una parte de los diputados conservadores, del partido de la propia ministra, apoyan el proyecto controvertido y a ellos se suma el conjunto de los parlamentarios de izquierda. La ley la aprueban los diputados con 284 voces a favor y 189 en contra, la ratifica después le Senado, y se promulga el 17 de enero de 1975. En uno de sus párrafos se precisa que “la mujer embarazada a la que su estado coloque en una situación de angustia podrá solicitar a un médico la interrupción de su embarazo, misma que sólo podra practicarse antes de finalizar la décima semana del mismo”. 26 años después, en 2001, el plazo se amplía hasta las doce semanas.

Después de esa trascendente victoria legislativa, Simone Veil permanece en el cargo de ministra de la salud hasta 1979, año en el que acomete una tarea política más ambiciosa aún al ser nombrada Presidenta del Parlamento Europeo. Sin duda lo que más motivó al presidente Emmanuel Macron a rendirle el tributo de ingreso al Panteón fue la vigorosa vocación europea de la funcionaria, un impulso de enorme actualidad y urgencia política.

En su esfuerzo por preservar la memoria de las víctimas del Holocausto y prevenir la repetición de las derivas totalitarias, Simone Veil luchó por afianzar la reconciliación de Francia y Alemania y la construcción de un espacio europeo unido. La protagonista de tantas batallas políticas y sociales se ha convertido ahora en un emblema perdurable de la resistencia contra la intolerancia y los fundamentalismos.

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