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Derecho al aborto: las calles en verde


Todavía parece un sueño. La Cámara de Diputados de Argentina aprobó un proyecto para legalizar el aborto voluntario y la lucha de tantísimos años parece haber comenzado a cuajar. Y si bien aún no es ley –el proyecto debe ser aprobado también por el Senado-, el impresionante debate que dieron diputadas y diputados días atrás, y luego la aprobación respaldada por un millón de personas en la calle (sólo en Buenos Aires, más las que hubo en otras ciudades) son claramente hechos históricos que reconocen un trabajo ininterrumpido, cuidadoso y potente del movimiento de mujeres y feminista de la Argentina.

La marea verde ha llegado a las ciudades argentinas, y ha llegado para quedarse. Porque verde es el color de los pañuelos que identifican a la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, pero también a todas las personas quienes desde cada trinchera trabajan para que el derecho a decidir sea una realidad. El verde de los pañuelos ha sido apropiado por una gran mayoría que encontró en este reclamo la posibilidad de ser parte de una verdadera transformación social. En el verde del pañuelo de la campaña se reconocen las aliadas. Portar el pañuelo en el cuello, la mochila, la muñeca es señal de que alguien está de este lado, de un lado que supera las diferencias políticas, sociales y culturales, un lado que suma, aúna y viaja en una misma dirección: la libertad, la vida y la salud.

En un país de históricas grietas políticas – hoy profundamente dividido entre quienes se oponen a este o al gobierno anterior-, la discusión sobre la despenalización del aborto ha generado una alineación transversal sorprendente. Ha unido representantes partidarios explícitamente enfrentados a la hora de elegir el modelo de país, pero del mismo bando para defender el derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad. El aborto demostró que las piezas del tablero político argentino pueden moverse de otra manera.

Las calles son de las mujeres

El texto aprobado por Diputados dice que “no es delito el aborto realizado con consentimiento de la mujer o persona gestante hasta la semana 14, inclusive, del proceso gestacional”. Mantiene las causales ya despenalizadas de aborto por violación y por peligro a la salud y la vida de las mujeres, y agrega la causal de inviabilidad de la vida extrauterina del feto.

Para llegar hasta ahí hubo que caminar mucho. Durante dos meses previos a la aprobación (14 de junio), 738 personas especialistas en distintas áreas pasaron por Diputados para exponer por qué es importante (o no, según los contra) despenalizar y legalizar el aborto en la Argentina, y cambiar la ley vigente desde 1921, aprobada sólo por varones, porque las mujeres por entonces ni siquiera podía votar.

Fueron especialistas de distintos ámbitos del conocimiento, el activismo y la experiencia. Argentinos y extranjeros. Neurocientíficos y actrices trans. Religiosos e investigadoras. Activistas y víctimas del aborto inseguro. Artistas, periodistas, escritoras y juristas. La letra aprobada fue el resultado de un enorme trabajo de consenso para subir a la mayoría al barco.

 

“La criminalidad fracasó. No evita que las mujeres aborten; por el contrario, agrava el problema. Apretar el botón del “no” no salva las dos vidas; condena a
las mujeres a la clandestinidad”: Brenda Austin, diputada de Unión Cívica Radical.

 

El debate en el recinto duró 23 horas. Durante todo ese tiempo, mujeres, lesbianas, trans, travestis, varones, jóvenes, mayores pusieron el cuerpo en la calle, en una memorable vigilia.  Cuando la noche helada llegó, la mayoría de jóvenes permaneció al pie del cañón. Cantaron y bailaron alrededor de fogatas, discutieron la propuesta, desplegaron performances, se pintaron las caras unas a otras con purpurina color verde, alzando bien alto los pañuelos verdes símbolo de esta lucha que la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito comenzó en 2003. Pañuelos, porque la Argentina tiene una entrañable historia de los pañuelos blancos de las Madres de Plaza de Mayo. Verde, porque no sólo era un color “vacante”, sino porque también representa la esperanza.

“Llegué a las 6 pm y no podía caminar… me costó mucho llegar a la carpa a donde estaban mis compañeros de militancia. Estuvimos frente al Congreso, había mucha ansiedad, mucha alegría. Cuando volvimos de cenar había menos gente, la gente hacía fuegos, otros dormían con muchas frazadas y en grupo para darse calor… hacía mucho frío. Había un escenario con bandas, bailamos mucho también. No sólo para darnos calor, también porque estábamos felices. Fuimos a tomar un café en un barcito del lado de los “pro-vida”. Nos miramos mal, pero no hubo agresión. Vinos, chocolates hasta que amaneció”. (Mayra)

Conmueven las palabras de Roma: "Llegué cerca del escenario y lejos del embotellamiento de seres que no te dejaba respirar. La primera persona con la que me encontré fue la mamá de una amiga. Ella estaba un poco asustada y conmovida a la vez. No iba a una marcha desde su adolescencia. Todo lleno era mucho más que cualquier otra marcha, movilización, concentración o incluso concierto multitudinario al que haya asistido. Para la noche ya no quedaban familias y niñxs, sino adolescentes, jóvenes y adultxs. Con el recambio se empezó a sentir el frío. Por suerte, las bandas tocaron hasta muy tarde. ¡Bailando nos olvidamos del frío! A partir de esa hora empecé a padecer el clima y el cansancio. Había subestimado las temperaturas porteñas en junio. La madrugada me encontró sin frazada, sentada en el piso, frente a la pantalla gigante. Escuché todos los argumentos hasta que se votó. Alrededor, muchas personas dormían o lo intentaban. Era imposible que yo pegara un ojo. Me quedé, rodeada de amigues y desconocides que sentí amigues también. Al salir el sol, faltaban pocos minutos para la votación. Corrimos hasta la multitud que aguardaba frente a la pantalla. No sentía mi cuerpo, estaba muy cansada y conmovida. Escuchamos los últimos discursos. Y aunque no veíamos la pantalla directamente, sentimos el festejo de quienes sí podían verlo. Grité como nunca había gritado. Como si el grito ese no dependiera de mí, no lo decidí, sólo me salió. Lloré exageradamente, estaba en shock y todas las personas que estaban a mi alrededor estaban igual. Éramos miles llorando, gritando y cantando descontroladamente. Nunca en mi vida había sentido algo así. Tanto cansancio y éxtasis al mismo tiempo. En ese momento lo único que pensé es "este es el sentido de la vida". Este es el sentido de mi vida, por lo menos. Saber que podemos ser parte de una verdadera transformación de la realidad. Saber que vale la pena. Sentir que si tantas mujeres murieron por abortos clandestinos, estábamos ahora un poco más cerca de que eso deje de pasar y fui parte de eso. Lo sentí en todo mi cuerpo helado y agotado. Sin dudas, ese fue el mejor día de toda mi vida".

Diputadas que emocionaron

Durante el debate, los argumentos de uno y otro lado fueron previsibles. Si quienes se oponen a la legalización decían defender “las dos vidas”, quienes estuvieron a favor lograron transformar el discurso entre estar del lado de la legalización o del de la clandestinidad.

Brenda Austin, diputada por la Unión Cívica Radical, fue clara: “cada día mujeres de todas las edades, clases sociales, en cada rincón de nuestro país, abortan. Estudiantes, profesionales, desocupadas, amas de casa, diputadas, esposas y parejas de diputados, sus hijas… negarlo es tan necio que duele… Discutamos en qué condiciones, cómo y quiénes deciden cuándo y dónde una mujer puede acceder a una interrupción de un embarazo. Quienes sostenemos este proyecto creemos que no hay nadie más que una mujer para ejercer un derecho personalísimo para tomar esa decisión”.  Y sumó: “La criminalidad fracasó. No evita que las mujeres aborten; por el contrario, agrava el problema. Apretar el botón del “no” no salva las dos vidas; condena a las mujeres a la clandestinidad”.

 

Durante dos meses previos a la aprobación, 738 personas especialistas en distintas áreas pasaron por Diputados para exponer por qué es importante
(o no, según los contra) despenalizar y legalizar el aborto en la Argentina, y cambiar la ley vigente desde 1921.

 

Silvia Lospennato, del partido Propuesta Republicana (PRO) destacó haber podido “nombrar el dolor que significa el aborto en nuestro país, un dolor profundo y silenciado, que se confunde con la culpa, con la criminalización y la desigualdad y que se ampara en la ausencia del Estado… De lo único que estamos hablando es de aborto legal o de aborto clandestino. En este debate hay una sola propuesta que defiende la vida; es la propuesta por la legalización del aborto”. Agregó: “dijeron que querían salvar las dos vidas, pero no pudieron explicar cómo van a evitar que una mujer aborte. La manera correcta de decirlo es que quieren forzar a las mujeres a ser madres”. El final fue contundente y laico: “Respeto las creencias religiosas, pero no son razones públicas. No pueden imponerse en la ley de todos”.

Lucila De Ponti (Peronismo para la Victoria) recordó los nombres y hasta mostró imágenes de algunas mujeres argentinas víctimas de la negación de abortos legales. Ana María Acevedo, que murió embarazada porque tenía cáncer y los médicos le negaron la quimio para no afectar su embarazo. Belén, que estuvo tres años presa por un aborto espontáneo. María Campos, que murió por un aborto clandestino. Malena, que se hizo un aborto en un baño químico. Y habló “de un Estado hipócrita, que eligió siempre mirar para otro lado, eso que nos costó 3030 vidas desde el regreso de la democracia, 3030 muertes evitables de mujeres a las que se les negó el derecho a acceder a un aborto legal, seguro y gratuito”. Y siguió: “la vida, todas las vidas se defienden conquistando derechos, no negando la realidad. El que se opone al aborto legal no está a favor de la vida, está a favor de la clandestinidad”.

Victoria Donda Pérez (Libres del Sur) hizo la alusión a El cuento de la criada, la novela de Margaret Atwood (quien tuiteó a favor de que el Senado convierta en ley el proyecto) inspirada en la Alemania nazi y en los campos de concentración argentinos. “Tenemos un gen autoritario que pone a la mujer en un lugar de encierro para criar sus hijos. Qué proyecto más perverso aquel que nos llevó a tener mujeres secuestradas, desaparecidas y obligadas a parir, como si ese útero fuera un botín de guerra, y el resultado de ese útero,los bebés que nacían vivos, también éramos un botín de guerra. Si alguno quiere hablar de la dictadura, que venga y que me cuente. Si queremos hablar del aborto clandestino, yo les puedo decir lo que es la clandestinidad”.

Donda, que nació en cautiverio durante la dictadura, fue apropiada y luego recuperada por las Abuelas de Plaza de Mayo, le contestaba así a Nicolás Massot (PRO), cuya familia estuvo acusada de encubrir 35 crímenes cometidos durante la dictadura y presentarlos como “enfrentamientos” entre militares y organizaciones armadas. Massot había dicho que “nunca nos habíamos animado a tanto”, aludiendo a lo ocurrido durante la dictadura con los derechos humanos.

Quienes se opusieron a la legalización argumentaron, falazmente, que el proyecto pretendía la “despenalización irrestricta”, algo que el proyecto no dice. Hubo varios quienes al hablar en contra, pusieron a personas con Síndrome de Down (no hablaron de ninguna otra discapacidad, ninguna) como razón de por qué se oponían a la ley. El proyecto tampoco habla de interrupción por discapacidad, sino sólo por “inviabilidad de vida extrauterina del feto”.

Hubo quienes se animaron a ir más lejos. Estela Regidor Belledone (UCR) comparó a las mujeres con perras. “¿Qué pasa cuando una perrita queda embarazada? No la llevamos al veterinario a que aborte. Enseguida salimos a buscar a quién regalarle los perritos”. Martín Grande (PRO) siguió la línea zoológica: “Los marsupiales terminan su desarrollo fuera del seno de la hembra. Se arrastran y maman durante meses en la bolsa hasta que terminan el desarrollo. Si tendríamos (sic) el mismo sistema y los bebés de 10 o 15 centímetros estarían prendidos a la teta de su madre ¿sería tan fácil tirarlos a la basura como pretenden en el recinto?”.

Mientras tanto, otra muerte

La toma de las calles por un millón de personas fue histórica. ¿Las razones? La Campaña lleva 15 años de lucha ininterrumpida, más las varias manifestaciones feministas previas que reclamaron por el aborto legal. El proyecto de la Campaña fue el séptimo que presentaba a Diputados, esta vez con la firma de representantes de todas las fuerzas políticas.

El movimiento #NiUnaMenos contribuyó también a poner a las mujeres en la calle, cuando en 2015 convocó a una movilización contra los femicidios y en los años sucesivos de marchas incorporó más banderas, entre ellas la del aborto legal. El #8M y el Paro Internacional de Mujeres potenciaron este reclamo. La demanda se apropió como espacio de lucha y reivindicaciones feministas. Actrices, escritoras, científicas y representantes de otros espacios académicos, artísticos e intelectuales se sumaron al pedido de legalización. Estudiantes secundarios tomaron varias escuelas a la espera de una votación favorable. Una gran mayoría de periodistas también se pronunció a favor. Este era el momento.

Todavía parece un sueño. Pero lejos de estar dormida, la sociedad argentina está bien despierta, trabajando para que, por fin, la interrupción voluntaria del embarazo sea ley. El Senado (de reputación más conservadora) tiene en sus manos la decisión. Ya hay fecha: 8 de agosto. En lo que se desentrañan las posiciones, algunas ya comenzaron a vislumbrarse. La presidenta del Senado, que es también la vicepresidenta de la Nación, envió el proyecto para su análisis a más comisiones de las necesarias. Comenzaron las obstaculizaciones.

Mientras el Senado se acomoda, las verdes esperamos que ninguna mujer más muera por aborto clandestino. La última noticia que tenemos es del día de la votación en Diputados, cuando el aborto inseguro se cobraba otra vida. La mujer tenía 20 años y llegaba al hospital con una infección generalizada. Moría pocas horas después. Esto ocurría en Salta, provincia cuyos diputados, todos, votaron en contra de la ley. A favor del aborto clandestino.

 


*Periodista y comunicadora. Escribe sobre temas de género y derechos humanos.

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