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El estrés postraumático


Las pesadillas eran recurrentes en Ana; en la madrugada se despertaba con taquicardia y era imposible que volviera a conciliar el sueño, se mantenía alerta. Durante el día se sentía abrumada y tenía ataques de ansiedad que se reflejaban en escalofríos, no podía relajarse en ningún momento. Había sido víctima de un secuestro tres semanas atrás y las complicaciones en su salud comenzaban a hacerse visibles.

El Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) se caracteriza por la presencia de recuerdos recurrentes e intrusivos referentes a un acontecimiento traumático, como un evento que amenaza la vida o que provoca daños físicos o emocionales.

Para que se desarrolle este trastorno debe haber un trauma previo: algún fenómeno natural (un sismo o un huracán) o un evento desafortunado como la muerte de una persona cercana, un asalto o un secuestro, de acuerdo con Edilberto Peña de León, Psiquiatra y Neuropsiquiatra del Instituto de Neurociencias, Investigación y Desarrollo Emocional.

Cuando se enfrenta un desastre viene una etapa de estrés agudo y adaptación al duelo, que puede durar entre dos semanas y tres meses. Si bien es normal sentir tristeza o estar deprimido y ansioso ante un evento adverso, los mecanismos de defensa pueden ayudar a que la persona se readapte en ese periodo de tres meses, sin embargo, si después de este tiempo se revivifica el evento como si se estuviera viviendo, se puede hablar de la presencia de TEPT.

Síntomas y niveles

Las pesadillas constantes y los flashback, que reviven el hecho pasado e incluso dan la sensación de estar ahí, son algunos de los síntomas de este trastorno. Además se presentan todas las reacciones físicas que se tienen cuando se enfrenta un peligro agudo real, como taquicardia, elevación de la presión arterial, escalofríos, así como una sensación fuera de lo normal en los intestinos.

La falta de aire, a pesar de estar en lugares abiertos, o desesperación después de ver una imagen que recuerda el evento pueden desencadenar ataques de pánico que permiten evaluar el nivel del problema.

El nivel de gravedad del padecimiento depende de la disfunción que le produzca a cada persona, es decir si se presentan algunos de estos síntomas, pero no ha habido falta de sueño, ausencia laboral, y se tiene la misma relación con la familia, se puede hablar de que es leve. Un indicador de que el TEPT no representa un riesgo mental mayor es identificar si después de un fenómeno natural, como un temblor, se puede seguir durmiendo en la misma casa, aunque sea un edificio alto.

Se habla de un nivel moderado cuando los síntomas comienzan a afectar las relaciones laborales, la productividad y se limitan las relaciones sociales por el miedo a salir del hogar y que se repita el evento desafortunado. En el caso de un temblor, se toman acciones desesperadas como meterse bajo una mesa para protegerse.

El caso severo se manifiesta en personas que no se levantan de la cama por el alto nivel de ansiedad que presentan; esto puede ser después de haber sufrido un secuestro que les genere miedo de salir de casa. En esos casos se recomienda un periodo corto de internamiento.

Factores de riesgo y tratamiento

Las personas que han tenido previamente un padecimiento mental como depresión o ansiedad son más propensas a presentar TEPT. El trastorno no depende de la fuerza del evento desafortunado, puesto que cada persona mide las tragedias en la medida que le afectan.

Existen tipos de psicoterapia específicos para tratar el TEPT. La terapia cognitivo conductual es la más aceptada. Los tratamientos farmacológicos deben ser supervisados por un psiquiatra. En la etapa de estrés agudo se debe evitar el uso de medicamentos tradicionales para el control de la ansiedad como las benzodiacepinas debido a que ayudan a bajar la ansiedad pero fijan la memoria traumática y pueden empeorar al paciente, por ello se deben utilizar fármacos de otras familias que no agudicen el trastorno.

Los pacientes diagnosticados con TEPT tienen una deficiencia muy honda de serotonina, que es una sustancia presente en las neuronas y que sirve como neurotransmisor, de tal forma que se requieren antidepresivos que pueden elevar esta sustancia en el cerebro. Una vez iniciando el tratamiento se puede observar mejoría hasta de un 80 por ciento a partir de las dos semanas de tratamiento farmacológico.

Si el paciente ha sido dado de alta, queda un 50 por ciento de posibilidades de recaída que puede implicar el desarrollo de un trastorno de ansiedad, fobia o ataques de pánico. Por eso, se debe dar seguimiento después del tratamiento.

Ante la presencia de alguno de estos síntomas se recomienda no minimizarlos, es decir, pensar que se van a quitar solos. Por ello, si después de los tres meses no han desaparecido se debe buscar atención profesional.

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