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Una fábrica de injusticias


“¡Encandílamela! ¡Encandílamela!”, era la orden que daba el jefe del área de producción donde trabajaba Magda a sus compañeros de trabajo para que la convencieran de tener relaciones sexuales con él. Quien la convenciera iba a tener un ascenso laboral y de categoría.

Ella tenía 21 años, recién ingresada a la planta de Jaropamex en Ciudad Acuña, Coahuila, ubicada a escasos metros del paso fronterizo entre México y Estados Unidos, especializada en proporcionar insumos a la industria del transporte. Allí se dedicaba a coser vestiduras para asientos de automóviles. Al interior de la planta, ese tipo de comentarios y propuestas eran comunes, pues este jefe de área se las hacía a todas las jóvenes que ingresaban a laborar. La situación era conocida por todo el personal debido a que ese jefe de área solía contarle sus experiencias sexuales a los demás trabajadores. A manera de respuesta, las trabajadoras le apodaron “El Ocho Segundos”, haciendo alusión a un posible problema de eyaculación precoz.


Una noche, mientras Magda estaba cosiendo, él llegó por atrás, le acercó su cuerpo y le preguntó al oído cómo se llamaba, una situación irrisoria debido a que la seguía y supervisaba desde hacía algún tiempo. La reacción de ella fue quitárselo de encima y decirle que tenía novio.


Tenía experiencia laboral en otras plantas de la ciudad e incluso desarrolló otras habilidades como soldar arneses de automóviles, sin embargo, prefería las labores que realizaba para la confección de vestiduras de carros. A cambio, su salario semanal cubría la mitad de lo mínimo necesario para comprar la canasta básica, es decir, el conjunto de bienes y servicios indispensables para que una persona pueda cubrir sus necesidades básicas con su ingreso económico.

A un costado del gigante
Tener tierras bañadas por el agua del cada vez más extinto río Bravo ha propiciado que Coahuila sea un espacio fértil para la industria maquiladora, sólo detrás de Chihuahua, Baja California y Nuevo León. La ubicación de algunos centros urbanos, a escasos metros de territorio estadounidense, generaron que el suelo coahuilense fuera el objeto del deseo de muchas empresas manufactureras, principalmente estadunidenses, interesadas en reducir los precios de producción de sus mercancías, sobre todo en cuanto al costo de la mano de obra. Desde la década de los setenta, la apertura de la industria mexicana a raíz de la crisis económica generó que la industria norteamericana cerrara sus plantas en Asia y las trajera a México para tenerlas más cerca, con menores dificultades para el traslado de productos y con un menor costo. La cantidad de estas empresas se incrementó durante la década de los ochenta, tras la apertura total del mercado e industria mexicana al capital extranjero, generando una transformación social y cultural determinante en la zona fronteriza coahuilense, debido a la llegada de decenas de migrantes de otras partes del país a las zonas donde se establecían las plantas maquiladoras.


Ejemplo del impacto de estas plantas en la región es Piedras Negras, urbe que colinda con Eagle Pass, Texas, que según datos del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación (CNIMME), exporta alrededor de mil 395 millones dólares derivados de productos manufacturados en las 102 plantas establecidas en el municipio, generadoras de 50 mil empleos, cifra que representa el 28 por ciento de la población económicamente activa del municipio. Similar es el caso de Ciudad Acuña, vecina de Del Rio, Texas, donde, según cifras de la Asociación de Maquiladoras de la localidad, genera alrededor de 47 mil empleos.

 

De acuerdo con la Secretaría de Economía, la industria maquiladora genera al año alrededor de 15.6 mil millones de dólares superando a las remesas (15.4 mil millones de dólares)
y a los ingresos derivados del turismo (11.8 millones de dólares).

 

Julia Quiñones, coordinadora general del Comité Fronterizo de Obreras (CFO), organización que defiende los derechos laborales de las personas trabajadoras de las maquilas con presencia en tres estados: Tamaulipas, Coahuila y Chihuahua, explica a Letra S que la maquila es anterior al Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Este tipo de fábricas tiene por lo menos 50 años de existencia en las ciudades fronterizas. Incluso, Quiñones afirma que fueron planteadas como una solución para frenar la migración nacional a los Estados Unidos bajo la lógica de que era mejor tener las plantas industriales a las puertas del “gigante del norte” y evitar el ingreso de esa mano de obra, la cual se asentaría del lado mexicano para laborar en los complejos industriales que en un principio se dedicaron exclusivamente a ensamblar piezas de costura, lo cual no ameritaba operaciones sofisticadas, y requería mano de obra con bajos salarios, en condiciones laborales precarias, por no decir en situación de explotación. En aquel entonces, refiere la defensora de derechos humanos y laborales, la República Mexicana era una fábrica de pantalones, pues todas las marcas afamadas tenían sus líneas de producción en el país. Actualmente, añade, se ha diversificado la función de las plantas maquiladoras, dedicándose a los aparatos eléctricos, insumos para la industria automotriz, y aún, la industria de la moda. La situación se modificó pues ya no sólo se hace ensamblaje sino que todo el proceso, desde el diseño, es mexicano.

Por su parte, el CNIMME argumenta que el modelo de maquila ha tenido un desarrollo sustancial, pasando de ser una industria ensambladora, después especializada, mediante la adopción de nuevas tecnologías, a convertirse en un lugar de creación, es decir, permitiendo el diseño y la investigación; coordinando y centralizando actividades de alto valor para la exportación, hasta llegar a ser un espacio donde se ha logrado generar el desarrollo tecnológico y de talentos nacionales.
Sin embargo, advierte Quiñones, estos avances no alcanzan al sector poblacional con mayor presencia en la industria de la maquila: las mujeres, quienes son el sector más vulnerable al interior de las plantas por diversos factores como el tener que asumir, día con día, una doble o triple jornada laboral después de terminar su turno de trabajo, ya sea en el hogar, con el cuidado de los hijos, o incluso con otro empleo, para poder subsanar los gastos del hogar, pues muchas de ellas lo encabezan, o el hecho que los puestos de mando medios o altos sean comúnmente asignados a hombres. A esto se suma el acoso sexual, la discriminación, e incluso, episodios de violencia, a los que se llegan a enfrentar.

Consumo responsable
Con más de 20 años de trabajo de campo, Quiñones asegura que gran parte de las violaciones a los derechos de los y las trabajadoras de estas empresas se deben a factores como que los pocos sindicatos existentes suelen estar cooptados por los propios empresarios, o las marcas son originarias de países como Finlandia, donde se respetan los derechos laborales de las personas, pero aprovechan los vacíos en México y la complicidad de las autoridades para no respetarlos.
A lo largo de esas dos décadas, el CFO ha logrado algunos cambios al interior de varias empresas, pero reconoce que aún restan muchos pendientes por solucionar. Por esa razón se han sumado al proyecto “Mejorando las condiciones laborales y de vida para mujeres trabajadoras en México”, que generó una coalición entre Fondo Semillas, Hispanics in Philanthropy y el Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, para fortalecer y articular a siete organizaciones de trabajadoras de la maquila en Aguascalientes, Jalisco, Morelos, Puebla, Coahuila, Oaxaca y Ciudad de México, bajo el auspicio de la Fundación C&A.

Despidos injustificados, horas extra sin pagos, violencia y hostigamiento sexual, brecha salarial por género, discriminación, centros de trabajo inseguros y/o antihigiénicos son algunas de las problemáticas halladas por esta coalición, cuya preocupación aumentó al saber que actualmente más de 50 por ciento de las plazas laborales son ocupadas por mujeres, pero sólo un tercio de éstas son técnicos o administrativos y las demás de ensamblaje


Según datos del INEGI, Coahuila es la cuarta entidad del país con mayor número de trabajadores en plantas maquiladoras con 9.4 por ciento del total del territorio nacional.

 

Las condiciones laborales, en general, son muy precarias para las mujeres, pero en las maquilas se recrudece el asunto, asegura Dana Preston, coordinadora del Programa de Iniciativas con Perspectiva de Género de Hispanics in Philanthropy, quien advierte que un paso clave para lograr éxito en este proyecto será el diálogo con los dueños y administradores de las cadenas de producción para hacerles ver que la responsabilidad social de su marca no está sólo en el exterior, con la comunidad de los alrededores de la planta, sino también con los trabajadores y trabajadoras al interior de la misma, mediante el respeto de sus derechos humanos y laborales. Para la especialista en programas de equidad de género, el panorama de la maquila mexicana representa un desafío debido a la dificultad para encontrar buenas prácticas al interior del sector, sobre todo de marcas o empresas nacionales. Mientras que las marcas internacionales son cada vez más exigentes con sus proveedores en diferentes aspectos, entre ellos, el respeto a los derechos del personal de las plantas, las marcas nacionales no priorizan el tema sino el costo producción de su mercancía. A esto se suma, la escasez de organizaciones defensoras de los derechos de las trabajadoras del ramo y el poco financiamiento al tema de la mejora de condiciones laborales.

Tres ejes con los que propone Preston para poder generar cambios en la situación mexicana. El primero es empoderar a las trabajadoras mediante el conocimiento de sus derechos laborales y humanos y de los mínimos requisitos necesarios para contar con condiciones dignas y justas de trabajo; el segundo, sensibilizar a los empresarios con respecto al tema, pues de nada serviría empoderar mujeres si sus demandas no encontrarían eco, y el tercero, involucrar al consumidor, quien es el factor clave para ejercer una presión externa al poder decidir qué comprar o no de acuerdo con las maneras en que se elabora el producto por adquirir, y si dentro del proceso hubo explotación laboral o vejaciones a derechos.

Sin sexo

Magda nunca denunció la situación que vivía al interior de la planta de Jaropamex, pensaba que él era jefe y no lo podían correr. Mejor optó por renunciar ante el constante hostigamiento sexual. Una compañera padeció una situación similar pero ella sí denunció los hechos y despidieron al “Ocho segundos”. La sabiduría popular mexicana sentencia que las segundas partes nunca son buenas, sin embargo, en su caso, ahora Magda trabaja con tranquilidad, después de haberse reincorporado a la misma planta industrial. Alrededor de las cinco de la tarde, el autobús la recoge para llevarla a la maquiladora e iniciar su jornada laboral a las seis. A las tres de la mañana lo abordará para llegar a casa alrededor de las cuatro y dormir hasta mediodía. Si es sábado, irá por su hija para tenerla con ella el fin de semana. Ahora que conoce sus derechos laborales logró acceder a un crédito de vivienda, por el que paga 200 pesos a la semana, y no está dispuesta a permitir que la vuelvan a presionar con sexo para poder trabajar.

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