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Amazonas del Usumacinta


Las amazonas eran unas míticas guerreras que vivían en una sociedad gobernada sólo por mujeres, en la que el hombre desempeñaba papeles de servidumbre y reproductivos. Eran muy conocidas por no tener un seno, lo que les permitía portar mejor su arco para lanzar flechas y manejar la lanza frente a sus rivales. Participaron en combates épicos como la Guerra de Troya y adoraban a la diosa Artemisa, muy conocida por ser cazadora y virgen. Su fama trascendió las fronteras y el tiempo al grado de que el explorador Francisco de Orellana no dudó en dar este nombre al río más caudaloso de América, después de haber sido supuestamente atacado por un grupo de mujeres en medio de la selva y a la orilla de este caudal.

Justo en medio de un paisaje similar al de la selva sudamericana, en la ribera del río Usumacinta, está Tenosique, Tabasco, pueblo acostumbrado a convivir con el río y los infinitos verdes de la vegetación. Aquí, un grupo de hombres abiertamente homosexuales irrumpió en la escena pública en 1993 al organizar un evento en la Asociación Ganadera local. Este evento se salía del contexto tradicional, las invitaciones eran pocas, no más de 50, y quienes asistían, en su mayoría, eran hombres socialmente conocidos por su orientación homosexual. El hecho causó tanto revuelo que Licho, uno de los asistentes al evento aquella tarde del 13 de septiembre de 1993, recuerda que llegó la policía y todos los asistentes echaron a correr para esconderse en cualquier posible rincón, incluido un pozo.

El objetivo de congregarse era confrontar ese tipo de situaciones y formar un grupo de apoyo para hombres homosexuales en el que pudieran vivir como eran sin estar en boca de todos ni ser juzgados, además de conformar redes de apoyo. El nombre seleccionado para llamar a esta congregación de personas fue Club Gay Amazonas, aludiendo a estas guerreras y comprendiendo que tendrían que librar muchas batallas en su entorno para que las cosas fueran diferentes.

 

Las tertulias se pueden dar en cualquier lugar donde haya una mesa, unos bancos y aire fresco para mitigar el calor. De preferencia en espacios abiertos, pues la
dinámica es que quien vaya pasando se sume al
debate y a la narración de las anécdotas.


Visión y prevención

Alan camina por las calles de Tenosique y debe detenerse cada cinco o seis pasos, pues la gente desea compartir algo con él, algún comentario, le preguntan sobre qué hacer ante una enfermedad, a dónde acudir o con quién pueden arreglar un trámite municipal. Alan Contreras se ha encargado de visibilizar al club durante sus casi 25 años de existencia, al grado de que tiene un programa de televisión en un canal local, Conversando con Alan, y ha hecho de sus redes sociales un espacio comunitario de ayuda. En uno de sus recorridos cuenta que parte de los apoyos que solicita para las personas a través de su Facebook encuentra eco no sólo en este puerto ribereño sino hasta en Villahermosa, la capital tabasqueña.

A través de su labor y la gran visibilización que tiene el club en la región, consigue que comerciantes y empresarios de la zona patrocinen campañas de promoción del uso del condón en la población en general en tiempos de carnaval o de fiestas patronales o sin fiestas, porque siempre hacen falta labores de prevención sin importar el motivo. Asimismo, cuando hay necesidad de hacer colectas para apoyar a alguna persona con una condición de salud frágil, recibe apoyo. Para esto, incluso han hecho shows travestis, obteniendo una gran respuesta, pues siempre han recaudado la meta establecida e incluso la han sobrepasado.

 

Comenzaron consiguiendo medicamentos antirretrovirales para que los migrantes pudieran continuar su camino sin que su estado de salud se deteriorara
y pudieran llegar a la frontera norte


La salud ha sido un tema de vital importancia para las labores del club, pues una de sus primeras apuestas fue concientizar a la población de Tenosique sobre la existencia del VIH y la necesidad de protegerse para evitar infecciones, labor que desempeñan desde la década de los noventa, momento en que había muchos mitos alrededor del virus y no había una solución médica.

La importancia de su labor ha sido tal que hoy en día existe un Centro Ambulatorio para la Prevención y Atención en SIDA e Infecciones de Transmisión Sexual (Capasits) en el municipio, después de ocho años de insistencia. También, en cada escuela de la localidad y sus alrededores, así se tenga que cruzar el río en balsa, se brindan pláticas informativas sobre cómo usar un condón, que es el VIH y cómo cuidarse.

Migración diversa

Pensar en una sede única del club es imposible. Las tertulias se pueden dar en cualquier lugar donde haya una mesa, unos bancos y aire fresco para mitigar el calor prevaleciente en esta zona de la República Mexicana. De preferencia en espacios abiertos, pues la dinámica es que quien vaya pasando se sume al debate y a la narración de las anécdotas. En estas mesas se acuerdan las próximas campañas de prevención, qué hacer con quienes se van integrando al club, cuál será el tema del carro alegórico del próximo carnaval, entre otros.

Muy cerca del Palacio Municipal, Alan cuenta con un local donde lo mismo hay medicamentos que despensas o ropa  y muchos otros insumos, pues, nunca se sabe para quién pueden servir. El calor es abrasador, un pequeño y viejo ventilador sopla un aliento tibio, insuficiente para evitar el sofocamiento. Entretanto, llegan unas mujeres trans de Honduras y Guatemala a pedir ayuda. Viven en el albergue La 72, a orillas de esta villa ribereña, y se desplazaron a la oficina del club para solicitar insumos como ropa de mujer y hormonas.

Las labores del Club están estrechamente vinculadas a la migración como la vida de algunos de sus integrantes, quienes han habitado desde su infancia junto a las vías del tren, las cuales se pierden ante la vista en medio de la vegetación que rodea a la localidad.

Desde mediados de la década de los noventa, la parte trasera de la iglesia del poblado se convirtió en un espacio de apoyo a las personas migrantes que requerían tomar un baño y comer algo antes de volver a montar la bestia de fierro que les llevaría al sueño americano. Para los integrantes del Club Gay Amazonas, además de la comida, el descanso y la higiene personal, era importante apoyar a quienes decidían emprender el camino por el llamado infierno mexicano y vivían con VIH. Si bien no eran mayoría, quienes presentaban esta condición de salud muchas veces no contaban con apoyo a lo largo de la ruta migratoria. Comenzaron consiguiéndoles medicamentos antirretrovirales para que pudieran continuar su camino sin que su estado de salud se deteriorara y pudieran llegar a la frontera norte. Actualmente, tras algunas modificaciones a las leyes de salud, vigilan que el derecho a tres meses de medicamento antirretroviral a personas en situación de movilidad se cumpla. Igualmente, brindan apoyo a las migrantes trans, ayudándolas a conseguir su tratamiento hormonal y ropa, sobre todo de mujer.

Nuevas generaciones

Renegar de su situación, preguntarse si la atracción que sentía por otros chicos era normal, eran preguntas que constantemente se hacía Domingo, quien intentaba ocultar su orientación sexual a sus familiares, pero su propia madre lo envió con Licho, un viejo conocido suyo que al recibirlo en el club le aconsejó ser consciente, afrontar las cosas y ser valiente para aceptarse como es. Le disipó dudas sobre mitos, como si al ser gay tendría que vestirse de mujer y algunos otros. Al poco tiempo se fue adaptando a las tareas del club, aprendió a aplicar pruebas de VIH, a hablar sobre el uso del condón y a dar rienda suelta a su creatividad, un recurso indispensable para ser parte de Las Amazonas, pues en cada acción pública que realizan, ya sea la presentación de un carro alegórico durante el carnaval o alguna charla informativa, siempre imprimen su sello.

Más tímido, Brian reconoce que acercarse al club tuvo sus dificultades debido a que no comentaba el tema en su casa y prefería no hacerlo para evitar el rechazo. Sabía del club porque lo había visto en los carnavales, por lo que los buscó de manera discreta. A diferencia de Domingo, participa en las actividades, pero evita ser muy visible. Al interior de su casa aún hay conflictos, pues mientras su mamá ya lo aceptó, sus papá no termina de entender la situación.

La alegría, el jolgorio, la búsqueda de un pretexto para hacer una celebración, como el que un integrante del club cumpla 50 años y requiera un baile de vals, pero también la preocupación de ayudar a otras personas son parte de la vida cotidiana de Club Gay Amazonas que a casi un cuarto de siglo de su fundación continúa su lucha contra el estigma y la discriminación.


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