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Sexo a un click de distancia


Los encuentros sexuales casuales siempre han existido. La diferencia es que hoy, su huella queda marcada en la red de redes, a través de aplicaciones diseñadas para conocer personas con las cuales entablar una relación sin compromiso. Desde Pure, LocalSin o Grindr, donde se puede conseguir un contacto sexual en unos pocos minutos, hasta las que originalmente estaban hechas para “conocer amigos”, como Badoo, o buscar parejas de largo plazo, como Tinder, hoy en día el sexo sin compromiso está a sólo unos clicks de distancia.

Más todavía para la llamada generación milenial, esa nacida a partir de 1980, en la que el sexo casual se ha convertido en una experiencia casi normal (estadísticamente hablando), lo cual se ha visto potenciado por las aplicaciones que se pueden descargar en cualquier teléfono digital medianamente aceptable. Esta dinámica ha cambiado la forma de buscar sexo y apenas comienzan a descubrirse sus implicaciones o posibles riesgos.

Y es que esos programas permiten a cada usuario o usuaria mostrar su imagen (la de su rostro o la parte del cuerpo de la que quiera presumir), sus gustos (orientación sexual, fetiches, prácticas aceptadas y prohibidas, uso de drogas) y el lugar donde se llevaría a cabo el encuentro. Más aún, para eliminar la necesidad de esperar demasiado (lo de hoy es lo inmediato), la aplicación localiza sólo a aquellos usuarios que están cerca de la persona, lo que agiliza la situación.

A pesar de que, hoy en día, las y los jóvenes están más dispuestos y parecen ver con mejores ojos a los encuentros sexuales sin compromiso, apenas están empezando a estudiarse los efectos que tienen las prácticas más liberales en su bienestar, tanto psicológico como físico. La información hasta ahora es poco clara y, a veces, contradictoria. Algunos estudios muestran que los encuentros furtivos pueden incrementar la autoestima y la satisfacción (esencialmente sexual) de los participantes, mientras que otros han detectado altos niveles de ansiedad y depresión luego de tener sexo penetrativo (oral, anal o vaginal) con una persona desconocida. Sin embargo, dichas investigaciones no han profundizado en si el bienestar o malestar estaban presentes antes y no sólo después del sexo casual, o cuáles son los factores sociales, personales y psicológicos, adicionales al contacto sexual, que podrían estar incidiendo en las emociones que cada quien manifiesta después de esos eventos. Hasta el momento, pues, no hay nada concluyente.

Fácil, rápido y satisfactorio

Desde hace por lo menos diez años, Álvaro ha vivido fuera de su núcleo familiar, ya sea solo o compartiendo departamento con algún amigo. Esto le da libertad para invitar chicas a su casa cuando desea tener algún encuentro sexual. Antes, recuerda, solía “ligar” en bares o fiestas, ese tipo de lugares que servían como escenario de encuentro antes de que todo se volcara al mundo virtual. Tocaba hacer labor de convencimiento: platicar, coquetear y luego soltar la invitación tratando de no verse “muy lanzado”.

Hoy todo es más fácil. No se arriesga a escuchar el reclamo de una ofendida mujer ante sus proposiciones, pues con pasar los dedos algunas veces sobre su celular, encuentra a una dispuesta a un intercambio sexual. En su caso, “la chica me tiene que caer bien, por lo menos”, pues dice que “si no hay química” todo se vuelve más difícil, aunque rara vez el encuentro ha terminado en una despedida sin sexo.

Si fuera estudiado por los científicos sociales que han abordado el tema, el caso de Álvaro llevaría implícito que para él es más fácil reconocer y buscar satisfacer sus necesidades sexuales a través de estas aplicaciones cuando no tiene una relación de pareja, puesto que es hombre. En contraste, algunas investigaciones sugieren que para las mujeres es más difícil dejar a un lado la culpa y el miedo a ser juzgadas si recurren al sexo casual. Sin embargo, ni el género de la persona ni su orientación sexual determinan que se incline por las relaciones “de una sola noche” ni que se sienta mejor o peor después de tenerlas.

 

A medida que la relación es menos estable y más esporádica, el uso del preservativo es mayor, sostienen investigadores españolesde la Universidad de Almería.
Sin embargo, sigue habiendo un
porcentaje interesante de personas que no usan el preservativo en sus relaciones sexuales casuales, esto es, un 15 por ciento.


“Hola, mucho gusto, ¿lo hacemos?”

La encuesta Singles America 2017, llevada a cabo por Match.com, el portal de citas amorosas más grande del mundo, encontró que los jóvenes milenials ven con cada vez mayor naturalidad el hecho de tener sexo con otra persona desde el primer momento. Incluso lo ven como una forma de saber si se sienten bien con ella. El 49 por ciento de las y los participantes dijeron que se acostarían con alguien de inmediato para así “averiguar si existe una conexión”.

De los 5 mil 500 participantes, 29 por ciento de los hombres y 15 por ciento de las mujeres opinan que las relaciones de una noche son las que brindan mejor sexo (aunque 19 por ciento de ellos y ellas dijeron que son las que traen el peor sexo). Los prejuicios acerca de que unas mujeres son “para tomarse en serio” y otras “para un rato” parecen estarse derrumbando en esta generación, pues los hombres están tres veces más dispuestos que las mujeres a empezar una relación de pareja con alguien con quien tuvieron sexo casual.

En el ámbito nacional, el estudio “Sexo casual entre jóvenes. Percepciones sobre las prácticas sexuales entre universitarios/as” (2013), realizado entre 183 estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, mostró que tanto hombres como mujeres expresan aceptación por el sexo casual. A la pregunta “¿Qué piensas de una persona que tiene relaciones sexuales con alguien que no es su pareja?”, 11 por ciento de ellas y 19.3 por ciento de ellos consideraron que “está bien”, mientras que 34 por ciento de las mujeres y 26.5 por ciento de los hombres dijeron que “no está bien ni mal”. Esto parece reflejar cuánto se ha relajado el juicio que condenaba las relaciones sexuales fuera de una pareja estable.

Riesgos y precauciones

Esther, de 35 años, está apenas empezando a utilizar las aplicaciones para encuentros sexuales, o sex apps, después de salir de una relación estable de varios años. Cuenta que entra a la app de vez en cuando, si es que siente mucho deseo sexual, pero varias veces ha desistido en sus búsquedas porque no encuentra a alguien cuya fotografía le agrade.

Con su ex novio no usaba condón, pero cuando de sexo casual se trata, la posibilidad de relacionarse con alguien sin preservativo no existe para ella. “No sé con quién o con cuántas personas ha estado el chavo y lo que menos quiero es llevarme de recuerdo una infección por un rato de calentura”.

A pesar de lo que los juicios morales sobre las múltiples parejas sexuales o el sexo “en la primera cita” puedan dictar, algunos estudios muestran que el sexo casual se da en condiciones de mayor protección incluso que el de “una amistad con beneficios”, por ejemplo. El estudio “Amigos con beneficios: salud sexual y estilos de apego en hombres y mujeres” (2016), del cual formó parte la Universidad de Almería, España, comparó el uso del preservativo en tres grupos: pareja estable, amigos con beneficios y sexo casual. Al contrastar estos grupos por pares, en todas las combinaciones hubo diferencias, pero la conclusión es que “a medida que la relación es menos estable y más esporádica el uso del preservativo es mayor. Aunque sigue habiendo un porcentaje interesante de personas que no usan el preservativo en sus relaciones sexuales casuales”, esto es, el 15 por ciento.

 

El 39.7 por ciento de los hombres y 22.5 por ciento de las chicas entre 16 y 24 años tuvieron parejas sexuales ocasionales, reveló una encuesta en línea. El uso de Internet
para contactar a este tipo de parejas era de 31.4 y 10.3 por ciento, respectivamente, según la Revista Española de Salud Pública (Sep/Oct 2015).

 

El caso de Bruno, joven gay cercano a los 30 años, enciende la alerta sobre otro aspecto del sexo casual a través de aplicaciones. Siempre se ha considerado un chico sin tabúes respecto al sexo ocasional, que regularmente sostenía con personas que ligaba en los bares. Al descubrir que podía conseguirlo en sólo unos minutos, sin tener que gastar en el dinero de la entrada y las cervezas, se inscribió de inmediato. Lo encontró práctico y tuvo algunos eventos divertidos, pero luego comenzó a preocuparse: ¿Era buena idea relacionarse con alguien que viviera o trabajara cerca de él, pudiendo encontrárselo después en la calle, en el supermercado o en un café? ¿Era seguro que ese hombre desconocido supiera qué objetos de valor había o a qué hora estaba o no en casa? Cuando ligaba frente a frente, Bruno confiaba en su instinto, pero no hay mucho que el sexto sentido pueda decir a través de una fotografía en la pantalla del celular. Decidió no continuar, aunque reconoce que abre la aplicación ocasionalmente, “cuando no tengo ni un centavo para salir o si de plano estoy muy caliente”.

No menosprecies a la excitación sexual

Entre las motivaciones que llevan a una persona a buscar sexo casual por medio de herramientas tecnológicas, se pueden contar muchas: un pensamiento liberal, un peso cada vez menor de los estereotipos de género, un estilo de vida hedonista y la inmediatez de la cultura actual. Pero hay uno que es básico y rara vez tomado en cuenta: la excitación sexual.

De acuerdo con el doctor Erick Janssen, investigador del Instituto de estudios de la Familia y la Sexualidad de la Universidad de Lovaina, Bélgica, la excitación sexual se define como un estado emocional/motivacional que puede ser activado por estímulos externos (visuales, táctiles) o internos (fantasías), dando como resultado respuestas centrales (incluso la verbal), periféricas (incluidos los genitales) y de comportamiento (tendencias de acción y preparación motora). Tal estado puede llevar a una persona a tomar decisiones sobre su situación sexual de forma inmediata, irracional e impulsiva, según ha observado el sexólogo John Bancroft.

Sobre este tema, el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la Universidad de Granada, España, realizó el estudio “Excitación sexual y uso de métodos anticonceptivos-barrera/actividad sexual con riesgo de ITS y embarazo no deseado” (2016), en el que se revisaron 50 artículos de investigación que incluyeran entre sus variables el deseo sexual y lo relacionaran con comportamientos de riesgo. Entre los hallazgos destacó que mayores niveles de excitación se relacionan con menor uso de métodos anticonceptivos o de barrera, como el condón. Incluso algunos de los estudios revisados identifican a la excitación sexual como un factor que dificulta la capacidad para pensar en el uso de protección.

Las diferencias de género salen a flote: los hombres afirman que sienten mayor excitación sexual que las mujeres al no usar métodos preventivos, mientra que un mayor número de mujeres tienen dificultad para excitarse debido a la preocupación por una posible infección y/o un embarazo.

En todos los estudios, dicen los investigadores Reina Granados y Juan Carlos Sierra, “la excitación sexual se describe como factor predisponente para tener sexo casual, mayor número de parejas sexuales”, e incluso trabajar y/o pagar por sexo comercial, tanto en hombres como en mujeres. Por esto, consideran fundamental tomar en cuenta la excitación sexual como variable en las estrategias de prevención de infecciones sexuales y embarazos no deseados.

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