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Trump, las locas, el sida

Toda la noche del día de las elecciones en EUA soñé en blanco y negro con criminales nazis. La incertidumbre sobre lo que vendrá después me afecta horrores, me arrastra a la baja como moneda mexicana. Qué depre. Con ojos de zombi me levanté a descubrir el irreversible resultado.

No me calienta ni el sol. Ando de un humor de perros. Ni demócratas ni republicanos, ganó Trump. El orbe entero se pone en máxima alerta. Ni gringo ni mundano ni turista ni mojado, nadie se salva del afán xenofóbo del tirano. La humanidad quedó hecha trizas. Apenas me puedo poner en pie en mi estado comatoso, tan cerca del río Bravo.

Sólo en el área conurbada de Chicago, la prensa reporta un aumento del 400 por ciento de llamadas de SOS a las líneas que atienden el suicidio. Las locas estamos atacadas.

Y luego más peor. En México la Cámara de Diputados envió al incinerador la iniciativa de Peña Nieto sobre matrimonios igualitarios. RIP a las bodas y la adopción de niños por parte de la gente homo. Cuánto oportunismo. Hacen cadenas de oración mis paisanos machistas y patrioteros, más vaticanos que el Papa. El mensaje es tan claro como el agua turbia.

Viene un tiempo aún más aciago para el tema gay reactivo al estigma. Hablo desde el singular del sida por pertenecer a esta minoría. El discurso antimexicano, misógino, homofóbico, racista y ultraconservador del magnate me cubrió de estiércol. Odios redivivos controlan la Casa Blanca.

Me cuentan que en varios pueblitos de la América profunda, los pastores anti-gay y anti-aborto de las iglesias cristianas coaccionaron a los feligreses a salir y apoyar compasivamente a Trump… para salvar a Dios y Cristo de los promiscuos y ateos.

Una chica conocida que vive en los suburbios del medio-oeste, convencida de que sólo Hillary Clinton podía dar continuidad a las políticas y programas incluyentes del gobierno de Obama ni siquiera pudo votar. Su padre la encerró en casa.

Otras personas de origen mexicano no pudieron evitarlo, el día “D” se guardaron la dignidad y en masa se atrevieron a sufragar en contra de sus propios hermanos y amigos del barrio. Hijos reaccionarios se enderezaron contra sus progenitores: ¡Fuera de América, mexicanos chileros!

El magnate de la cadena Trump ya levantó las banderas a favor de la fétida discriminación, un muro ejecutivo empezará en la oficina Oval e incitará cotidianamente a delatar, a urgir campañas de deportaciones masivas. Al capitalismo salvaje le urge desechar gente rara. Miles de familias van a sufrir otro desgarro en su endeble tejido. Culpan al güero que habla con desplantes de amo.

Los primeros nombramientos del ricachón electo confirman los peores escenarios. Los halcones van a deleitar el paladar altanero de todos los Trump del planeta.

El KKK celebra con suásticas, arengas y paradas a su presidente ario. La sangre más limpia quiere hacer pagar a musulmanes, asiáticos y mexicanos en nombre de la pureza dermatológica. Los niños en algunas escuelitas de nivel básico cantan coritos insólitos: ¡Queremos el muro, queremos el muro! Qué ternura de fascistas.

Si el virus que causa el sida era ya un pálido y minúsculo recuerdo en el paisaje del rico occidental, Trump lo dejará sellado como pecado y despilfarro. Violencia entre toneladas de escombros sexistas caerá sobre nuestras cabezas con versículos del Nuevo Testamento. El poder machista con tupé Clairol será el flagelo que nos corrija la orientación torcida. Maricas, drogos, morenos y putas veremos revitalizarse las estadísticas mundiales de la ignominia.

Si el neoliberalismo ya nos veía sólo como consumidores, me temo que ahora no pasaremos de un numeral, la fría nota estadística al pie de página de una época patriarcal.

La discriminación que exhibe el discurso de las esencias es contagiosa, peligrosa, mortal. Escuché a una loca de izquierda celebrar el encumbramiento de Trump por antisistema, globalifóbico y proteccionista. Le faltó añadir que con Donald siente orgasmos imperialistas.

Mientras tanto, preparemos el cuartito de triques por si los sherifes nos avientan al marido. A los connacionales que andan en el gabacho, por aquellas tierras feroces, sepan que aquí estamos en pie de lucha, a ver cómo les damos cama, comida, abrazos y techo.

 

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