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Veinte años contando historias


Hace veinte años salió el primer número de este suplemento en La Jornada. Fue conocido entonces como Letra S, Sida, Cultura y Vida Cotidiana. En su portada enlistamos todas las palabras que comienzan con la letra S relacionadas con el sida: salud, sexualidad, sangre, semen, sexo, saliva, seropositivo, sociedad y otras tantas que explican y justifican su nombre. Con ello señalamos los temas generales que abarcaría esta nueva publicación dedicada a uno de los problemas sociales y de salud más complejos y letales: la epidemia del VIH y el sida.

Nuestra publicación nació en una atmósfera de optimismo por los nuevos tratamientos contra el VIH, capaces de cambiar la condición mortal del sida a la de infección crónica controlable y, de esta manera, salvar millones de vidas. Esta novedad terapéutica fue dada a conocer en la Conferencia Internacional de Sida efectuada en Vancouver en 1996, y fue también el detonante de una movilización global sin precedentes por lograr el acceso a los tratamientos, inasequibles debido a los exorbitantes precios. Por la relevancia del tema, le dedicamos todo el primer número de nuestra publicación.

Abriendo brecha

Desde su primer número, el suplemento Letra S se ubicó como parte de la respuesta social y los esfuerzos comunitarios para enfrentar este grave problema de salud pública con fuertes connotaciones sociales y culturales. Queríamos fortalecer desde el periodismo dicha respuesta. Y por lo mismo, desde el inicio comprendimos que nuestra labor periodística debía ir más allá del ámbito médico y científico para abordar todos aquellos factores sociales, culturales y económicos que potenciaban la epidemia y determinaban las respuestas institucionales.

En esos años, la desinformación prevaleciente alimentaba los prejuicios y los miedos irracionales de la población hacia las personas infectadas por el VIH. A su vez, esta desinformación era magnificada por una enconada resistencia conservadora en contra de las campañas de prevención y del uso del condón. Una de las líneas editoriales que nos fijamos en consecuencia fue precisamente dar el combate cultural en contra de la intolerancia religiosa y fundamentalista, encabezada por obispos y cardenales, que insistía en considerar al sida como un problema de moralidad más que de salud pública.

Fue así que nos abocamos a proporcionar información basada en evidencias científicas para contrarrestar falsedades, miedos y tergiversaciones; llamamos a las cosas por su nombre sin remilgos semánticos; relacionamos el uso profiláctico del condón al erotismo y al placer; informamos sin falsos pudores sobre todas las prácticas sexuales legítimas (basadas en el consentimiento, libres de coerción y de riesgo); abordamos las diversas orientaciones sexuales e identidades de género que conforman la sexualidad humana; así como también nos enfocamos a temas derivados de problemas psicosociales como la violencia sexual, el embarazo no deseado, el contagio de infecciones por transmisión sexual, el abuso del alcohol y de sustancias psicoactivas; o de temas silenciados como el trabajo sexual, la interrupción del embarazo, el sexo entre varones, entre muchos otros. Pensamos siempre en apoyar la toma informada de decisiones de las personas sobre su salud y su vida sexual.

Recuerdo la turbación del presentador al momento de anunciar los motivos por los que el jurado, formado por periodistas reconocidos, entregaba el Premio Nacional de Periodismo e Información 2001 al suplemento Letra S, Salud, Sexualidad y Sida del periódico La Jornada.  Era el primer año del gobierno conservador de Vicente Fox y resultaba inconcebible que la Presidencia de la República premiara a una publicación que hablaba de sexo anal, de homosexualidad, de aborto, de penes y vaginas y que, por lo mismo, había sido calificada de “perversa” por el órgano informativo de la Arquidiósesis Primada de México.

Una publicación de causas

El suplemento Letra S ha sido también una publicación ligada a las causas sociales; en estos veinte años han sido varias las que ha enarbolado. Aún tengo presente, por ejemplo, el momento en que, a principios de este siglo, un par de militares indignados llegó a la redacción de nuestro suplemento: habían sido expulsados sin miramientos del Ejército mexicano tan solo por haber resultado positivos a la prueba del VIH. Su enojo era tal que nos solicitaban hacer la denuncia sin medir las consecuencias. Luego de escuchar sus relatos, les sugerí, muy a mi pesar como periodista, consultar antes al abogado Pedro Morales Aché para analizar la posibilidad de demandar al Ejército. De esta manera, el lanzamiento de esta noticia bomba quedó supeditada a los morosos tiempos de los tribunales. Y no fue hasta que, años después, el litigio llegó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el abogado Morales nos dio luz verde cuando dimos a conocer esa historia que nos quemaba las manos. Desde entonces han sido varias las historias de marinos y militares con VIH expulsados de las Fuerzas Armadas Mexicanas contadas por Letra S. Y no sólo de ellos. Los rostros de decenas de personas con VIH, que accedieron a brindar su testimonio con el afán de darle un rostro positivo, en el doble sentido, a la epidemia y combatir con la visibilidad los estigmas, han desfilado por sus páginas.

También rescatamos de las páginas de nota roja a los homicidios perpetrados contra homosexuales, lesbianas, travestis, transgénero y transexuales, dándoles un tratamiento diferente como crímenes de odio y por prejuicio. Cada año hemos reseñado el informe dado a conocer por la Comisión Ciudadana Contra Crímenes de Odio por Homofobia, logrando poco a poco la transición de una cobertura prejuiciada de estos homicidios a otra que ya reconoce la especificidad de este tipo de violencia letal motivada por el prejuicio.

Las sociedades de convivencia; el matrimonio igualitario y las familias diversas; la demanda contra ProVida por la desviación de recursos públicos otorgados de manera irregular (¿recuerdan el ProVida gate y las tangas de Serrano Limón?); la educación sexual en las escuelas, el caso de las cinco niñas con VIH expulsadas de sus escuelas en diferentes entidades del país; el caso de Óscar, joven gay encarcelado injustamente por el prejuicio homofóbico, en fin, han sido muchas las historias contadas por Letra S. Pero una que nos enorgullece particularmente es haber contribuido a la creación de la Clínica Especializada Condesa de la Ciudad de México, el modelo más avanzado en la atención al VIH y al sida en el país y que ha beneficiado a miles de personas.

De voz única a la pluralidad de voces

Una vez superada la etapa de la emergencia de la epidemia del VIH, decidimos prescindir de la palabra sida y sustituirla por la de sociedad. Hoy el suplemento Letra S, Salud, Sexualidad, Sociedad brega en un contexto muy diferente al de su lanzamiento. Las nuevas tecnologías de la comunicación lo han revolucionado todo, incluido el quehacer periodístico. Por fortuna, Letra S ya no es la única voz mediática que habla abiertamente de los temas antes considerados tabúes. Hace veinte años nos tocó abrir brecha, hoy nos unimos al coro de múltiples y variadas voces que en los medios de comunicación apuestan a la construcción de una sociedad respetuosa de los derechos humanos de todas las personas sin importar su orientación sexual, su identidad de género o su condición de salud.

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