Director fundador | CARLOS PAYAN Director general | CARMEN LIRA SAADE • Director Alejandro Brito Lemus

SALUD SEXUALIDAD SOCIEDAD

ARCHIVO HISTÓRICO

Número

Usted está aquí: Inicio / 2016 / 08 / 04 / Fortino
× Portada Guardada!

Fortino

Soy andariega contumaz. Me encanta la marcha. Practico campismo, senderismo, exploración, lunadas, rancheradas, caminatas sin rumbo. Las piernas se estiran, el alma se relaja y la espalda se arrana con el peso de una mochila bien cargada con antivirales y mil chácharas inútiles para enfrentar cómodamente la vida salvaje.

Soy muy romántica, aún tengo fe en la purificación espiritual de quien mortifica las plantas de los pies lejos de la plata falsa de la ciudad. Igual que la Reese Witherspoon cuando se lanzó al Pacific Crest Trail en la película Wild.

En uno de esos trotes temerarios se me cruzó un tipo. A los dos segundos de intercambiar miradas lo saludaba mi mano con un muy machito ¡Eit! Desde el rabillo del ojo andaba yo volada, babosa, perdidamente enmarañada del magnífico doncel.

Me desembaracé del backpack, me presenté. Murmullos donde dijo su nombre. Fortino. En sus ojos no había nada para mí. Cero sentimentalismo. Yo venía de la esfera de los eternos perdedores citadinos, él se conducía con sobrada certeza en la infinita sierra Madre Oriental.

Como compañero de ruta, Fortino resultó el guía perfecto: siempre callado, vivaracho, amable. Madurado al sol de los desiertos. Qué agilidad y resistencia la de los huaraches nativos del pedregal serrano. Él buscaba su yegua mansita, yo deseaba un garañón.

–Aquí se corta el camino. Aistá la orilla del barranco, véngase pacá, está más padrote.

Padre mío. Me trajo Fortino a maltraer. Ligeras mis zapatillas deportivas, gastaban aladas las brechas espinosas al pie de un cerro de cuyo nombre no me puedo acordar, en la mancha requemada de mi sufrido país, en una provincia famosa por el habla golpeada y los machitos al pastor.

Sendereaba la grácil gacela con el recio Fortino cuando acaeció el coyonostle, también conocido como “entraña”, “abrojo”, “lengua del diablo”. Es un cactus fálico, largo, carnoso. Candelabro de Drácula. Nombre científico: Cylindropuntia imbricata. La cosa más fatal que le puede suceder a una chica legalmente rubia que sale al monte a buscar lo que nunca se le perdió.

Mema, por seguir de pegadito al deleitoso Fortino con el coyonostle me topé. Tropecé de lleno con una de sus pencas. Quedé prendida, apuñalada, bien ensartada. No me soltaba el jijo. Entre más yo luchaba por extraerlo, más se refundía el infeliz.

Broca, estaca, tranca, pitón, atravesaba mi alma cual bestia feroz. Ahí me tienen, aturdida, ignara, estire que chille, chille que estire. Y nada. El colmillo satánico no me soltaba. Se venía el espolón con el pellejo. Lo quería arrancar de un tirón pero más escarnecía la picudencia. Entraba más y más y más, ávido de mis infectos pellejos. Hasta que desde una peña me divisó Fortino.

–Pos qué le pasa, licenciau.

No entiendo por qué los hombres de mi incumbencia me cargan inmerecidas coronas académicas. Lo detesto pero me aguanto. Yo que quería pasar anónima, insignificante, pueblerina. Nunca falta quién me saque el precio. ¿A qué se deberá?

–Pos na, Fortino, que se me encajó esta fregadera.

–Ya se jodió, es coyonostle. A ver, hágase pacá.

Y me hice pacá. Fortino de mi devoción, aromaba la tierra con sudor acedo de borrego cimarrón. Hasta el coyonoseké se me olvidó. Me explicó la estrategia del cardo: “entre más uno lo estira pajuera, más se mete padentro”. ¿Se puede entender eso? Fortino me tomó bien fuerte de la mano y a los ojos me miró. Hermoso, malvado, los bigotes ahuehuetes, me lo advirtió:

–Esto va a doler, licenciau.

Extrajo Fortino de su virtuosa funda un fierro leonero. Quemó la hoja de la navaja.

–¿Me vas a degollar, criatura, si apenas me conoces?

Maniobró delicadamente mi salvador. Cortó la carne viva, extrajo el insidioso tronquito, echó mezcal en la herida, la cubrió con un curita que yo traía.

–Ya va a pasar, cuídese.

Acerqué mis labios al pomo de alcohol, desfalleciente, marica, dramática. Fortino sonrió.

 

Comments
comentarios de blog provistos por Disqus