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En el corazón de la pandemia


Luego de 16 años, la Conferencia Internacional de Sida regresó al corazón de la pandemia. Realizada del 18 al 22 de julio en Durban, Sudáfrica, el país más afectado, la edición número 21 de este evento congregó a más de 15 mil participantes de todo el mundo. Del año 2000, en que se realizó por vez primera la cumbre del sida en un país africano, al 2016 los avances globales son notables: de menos de un millón de personas bajo tratamiento la cifra se incrementó a 17 millones, lo que ha provocado el descenso del número de muertes por sida en 42 por ciento, mientras que el número de nuevas infecciones anuales sólo se ha reducido en 6 por ciento. Tan solo el año pasado fueron alrededor de 2 millones.

Los expertos a nivel mundial se han puesto de acuerdo para acabar con el sida en el 2030, y para ello se han fijado la estrategia denominada 90-90-90, que significa diagnosticar al 90 por ciento de los 36 millones de personas con VIH; dar tratamiento al 90 por ciento del total de personas diagnosticadas, y lograr que el 90 por ciento de las personas en tratamiento reduzcan su carga viral a niveles indetectables, con lo que se espera, por los efectos preventivos del tratamiento, reducir el número de nuevas infecciones anuales. Hoy esos porcentajes son del 50-46-38 por ciento, respectivamente.

La estrella del evento

Ya es un ritual que en cada Conferencia Internacional de Sida se apueste por un nuevo método preventivo. En la de Durban 2016, la llamada profilaxis pre exposición al virus, conocida como PrEP, fue la estrella del evento. Está destinada a proteger a personas en alto riesgo de infección y consiste en la ingesta diaria de uno o dos medicamentos antirretrovirales usados para tratar la infección por VIH.

No es un método que funcione para todas las personas. Está reservado solo para aquellas que están más expuestas al riesgo de infección en contextos de alta prevalencia del VIH, como hombres gay, trabajadores sexuales y parejas serodiscordantes (donde sóuno de sus integrantes tiene VIH).

La mayoría de estudios presentados mostraron resultados alentadores. El estudio Ipergay, aplicado en hombres relacionados sexualmente con hombres, registró una eficacia de 97 por ciento, pues solo una persona de 300 participantes resultó infectada al descontinuar el tratamiento. También mostró altos niveles de seguridad, sólo 6 por ciento de los participantes tuvo un serio evento adverso. Sin embargo, se reportó una baja significativa en el uso del condón en las relaciones anales insertivas.

Amplios beneficios

Pero la eficacia de la PrEP no sólo se demostró en el sexo entre hombres. Un estudio realizado en parejas serodiscordantes heterosexuales en Kenya y Uganda mostró que ese método alcanza una eficacia del 95 por ciento. Pero ¿hasta cuándo debería tomar PrEP la pareja seronegativa?, fue la duda planteada. ¿Debería hacerlo indefinidamente o sólo hasta que la pareja con VIH alcance los niveles indetectables de su carga viral?

Otro estudio que pretendió probar la eficacia de la PrEP entre adolescentes varones mostró la dificultad que implica el tratar de alcanzar a esa población. De 3 mil adolescentes pre-seleccionados, sólo 260 cumplía con las condiciones para ser elegibles, y de ellos sólo 79 aceptaron participar. De esos 79, 32 desertaron durante el estudio. La adherencia al tratamiento fue otro de los problemas identificados en esta población.

Preguntas todavía sin respuesta

Por otro lado, el desarrollo de resistencias a los medicamentos por parte del virus fue una de las principales preocupaciones en torno al uso de la PrEP. Sin embargo, un estudio llevado a cabo en clínicas africanas encontró muy bajos niveles de riesgo en el desarrollo de resistencias a los fármacos.

En suma, la PrEP como método preventivo no sólo resulta altamente eficaz y segura sino que también es muy aceptable en comunidades y poblaciones en alto riesgo de exposición al VIH. En Estados Unidos, por ejemplo, lo están tomando ya alrededor de 18 mil hombres gay, y la demanda sigue creciendo.

El problema, como sucede con todos estos avances científicos, está en los altos costos del tratamiento. ¿Quién debe pagar por esta profilaxis?, cuestionaron algunos participantes de este encuentro. ¿Los Estados?, ¿los particulares?, ¿los laboratorios productores? La pregunta quedó en el aire.


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